Los campamentos de refugiados de París

París, 30 setiembre. En un terraplén a tan solo unos metros de la entrada del boulevard periférico de Saint Ouen, la autopista que abraza París marcando el límite entre la capital francesa y la « banlieue » que la rodea, malviven varias decenas de refugiados en un improvisado campamento de tiendas y colchones a la intemperie.
Algunos de ellos llegaron hace ya varios meses, cuando el primero de los campos de refugiados de la capital francesa fue desmantelado.
El ayuntamiento de París ha desmantelado varios « campamentos » intramuros en los últimos meses, alegando medidas de higiene, aunque el número de refugiados que llegan a Europa no cesa de aumentar, por lo que los campamentos de fortuna se improvisan sin organización alguna.
Los primeros refugiados llegaron a Saint Ouen hace ya varios meses, inicialmente se instalaron en un jardín situado a solo unos metros del terraplén en el que se encuentran ahora, pero el ayuntamiento de la ciudad decidió vallar el recinto.

Entrada del campamento de refugiados de Porte de Saint Ouen (París) / Mar Selvas
Entrada del campamento de refugiados de Porte de Saint Ouen (París) / Mar Selvas

Hombres, mujeres y también niños viven en este campamento: la mayoría de ellos proceden de Siria pero también de países en conflicto de África Oriental como Sudán, Eritrea o Mauritania.
Desplazados a causa de los conflictos violentos en sus países natales, estas personas han atravesado el Mediterráneo para buscar un futuro mejor.
“Yo lo único que quiero es un trabajo que me permita poder pagar unas paredes, una cama y un lugar donde ducharme” dice a Efe uno de los habitantes del campo, que no quiere dar su nombre por temor.
Es originario de Mauritania, aunque lleva ya años en Europa: Noruega, Inglaterra, Italia, Hungría y ahora Francia. El viaje ha sido largo y parece no haber terminado todavía.
La vida en el campamento no es fácil, las condiciones sanitarias no son las adecuadas, la ausencia de infraestructuras higiénicas y la falta de espacio hace que las peleas entre los habitantes sean corrientes.
La única ayuda viene por parte de las asociaciones caritativas y de vecinos que se ocupan de traer comida y ropa a los ocupantes.

Una de las tiendas de fortuna del campamento de refugiados de Saint Ouen / Mar Selvas
Una de las tiendas de fortuna del campamento de refugiados de Saint Ouen / Mar Selvas

« El problema es que no tenemos donde guardar las cosas » cuenta a Efe Fátima, una inmigrante siria que llegó a Europa junto con su marido y sus dos hijos y que actualmente vive en el campamento de Saint Ouen, « la gente nos trae ropa pero no tenemos donde guardarla así que apilamos las bolsas en uno de los extremos del campamento ».
La parroquia San Bernardo de La Chapelle es una de las principales entidades implicadas en el campamento y proporciona ropa y comida a los refugiados.
“Nos reunimos los fines de semana a las 8.30 para preparar café, té, sandwiches y tortillas”, cuenta Florent Berhille, el voluntario encargado de la organización de los desayunos, “actualmente servimos a entre 100 y 150 personas”.

Mujeres y niños en el campamento de refugiados de Saint Ouen (París) / Mar Selvas
Mujeres y niños en el campamento de refugiados de Saint Ouen (París) / Mar Selvas

San Bernardo también alberga desde enero a ocho inmigrantes que antes vivían en uno de los campamentos de París que fue desalojado durante el mes de mayo. « Queremos ofrecerles un seguimiento completo de las demandas de asilo para garantizar su inserción en la sociedad », explica a Efe una monja que se identifica como la hermana MarieJo.
France Terre d’Asile es otra de las asociaciones que colabora en el campamento, sus trabajadores se encargan de ayudar con los trámites a los refugiados que desean pedir el asilo político a Francia.
“El proceso es largo. La resolución suele tardar entre 18 meses y dos años entre el momento en el que se formaliza la demanda ante la prefectura y cuando esta es tratada en el tribunal pertinente”, reconoce Pierre Henry, director general de la asociación.

Interior de una de las tiendas del campamento en la que duermen diez personas / Mar Selvas
Interior de una de las tiendas del campamento en la que duermen diez personas / Mar Selvas

Durante este tiempo “los demandantes son librados a su suerte”, dado que los centros de acogida no pueden absorber la fuerte demanda.
Hasta el año pasado, Francia recibía unas 60.000 demandas de asilo anuales, según los datos de la Oficina Francesa de Protección de los Refugiados y Apátridas (Ofpra), cifras que se han disparado con el aumento del flujo de migraciones provocado por la guerra en Siria e Iraq y que ha desplazado hacia Europa a miles de personas en busca de un refugio.

Vista desde una de las tiendas del campamento de refugiados de Saint Ouen / Mar Selvas
Vista desde una de las tiendas del campamento de refugiados de Saint Ouen / Mar Selvas

Los gobiernos de todo el continente se están movilizando para poder acoger a todas estas personas, pero el problema en Francia, como en otros de los países, es que los centros de acogida ya están sobre saturados.
Francia se ha comprometido a acoger 100.000 refugiados durante el próximo año, aunque con más de 28.000 personas censadas sin hogar solo en la región de Isla de Francia, instalar una tal cantidad de gente no será fácil.

Un refugiado sirio nos muestra un bebé recién nacido al lado de su madre / Mar Selvas
Un refugiado sirio nos muestra un bebé recién nacido al lado de su madre / Mar Selvas

Está prevista la construcción de « edificios destinados a crear centros de acogida para los demandantes de asilo » así como « alojamientos perennes para aquellos que consigan el estatus de refugiado una vez instruido el dossier », según declaró a los medios el Ministro del Interior francés, Bernard Cazeneuve.
En total, se destinarán varios millones de euros del presupuesto estatal para organizar esta y otras medidas de urgencia, confirmó el Ministro de Economía y Finanzas, Michel Sapin.

Una niña siria juega con un cochecito en su tienda del campamento de refugiados / Mar Selvas
Una niña siria juega con un cochecito en su tienda del campamento de refugiados / Mar Selvas

Mientrastanto, miles de personas siguen arriesgando sus vidas para escapar de la guerra, arriesgando sus vidas cruzando el Mediterráneo y a merced de las mafias que se aprovechan de la desesperación y la necesidad que provocan los conflictos.

Un joven refugiado sirio muestra las reducidas dimensiones de su tienda / Mar Selvas
Un joven refugiado sirio muestra las reducidas dimensiones de su tienda / Mar Selvas

“No tenemos futuro, ya no espero nada. Quizás muera hoy o mañana, dará igual, pero habrá otros en mi lugar que seguirán pasando hambre bajo este puente”, previene el refugiado mauritano, para quien el viejo continente está muy lejos de ser lo que las mafias le habían prometido.

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