¿Je ne suis África?

El pasado 24 de julio, parte del planeta se despertaba con una trágica noticia: el león Cecil -el más emblemático de Zimbabue- moría a manos de un dentista estadounidense que había pagado 50.000 euros por ello. Europa y EEUU no tardaron en mostrar su reacción por tal barbarie revolucionando Internet con hashtags y mensajes de odio al autor del asesinato. #CecilTheLion se convirtió en trending topic mundial y fueron muchos los famosos que se unieron a la protesta. Pero, ¿por qué no ocurre lo mismo con los miles de niños que se mueren de hambre en Zimbabue? ¿Nos hemos insensibilizado ante las tragedias del tercer mundo?

Es algo incuestionable, que la desafortunada muerte del animal es algo cruel e inaceptable, pero ¿no fue la reacción de la gente, cuando menos, desmedida? Al menos si lo comparamos con la poca o nula importancia que le dan a otro tipo de sucesos de mayor magnitud.

La semana del asesinato de Cecil el León, miles de inmigrantes ilegales intentaban penetrar en el Eurotúnel que une Francia con Reino Unido a través de una terminal de carga en el puerto de Calais. Mientras medio mundo lloraba al león asesinado, un hombre proveniente de Sudán falleció en el túnel al caer bajo las ruedas de un camión. La revista ‘NewStatesman’ criticó el trato desigual a los migrantes y el león africano. “Me gustaría anunciar el nombre del muerto en el túnel, pero la prensa británica prefiere definiciones vagas (como “un sudanés” y “un hombre de entre 25 y 35 años”). Tal vez si él fuera un león llamado Cecil, todo hubiera sido diferente”, escribe la columnista Frances Ryan.

Los policías tratan de impedir que los migrantes lleguen al túnel del Canal operado por Eurotunnel en Coquelles, cerca de Calais, al norte de Francia, en la tarde 29 de julio 2015. AFP PHOTO / PHILIPPE HUGUEN
Los policías tratan de impedir que los migrantes lleguen al túnel del Canal operado por Eurotunnel en Coquelles, cerca de Calais, al norte de Francia, en la tarde 29 de julio 2015. AFP PHOTO / PHILIPPE HUGUEN

La escritora y activista estadounidense Luvvie Ajayi explicó a través de Twitter que lo que la desconcierta del odio público hacia el asesino del león en Zimbabue, es que cuando la gente quiere puede enojarse por alguna razón. “Pero esta razón no es el trato injusto, por ejemplo, a los afroamericanos”, escribe. Incluso el asesinato de un perro es castigado más severamente en EE.UU. que el asesinato de un afroamericano, sugiere Luvvie Ajayi.

La actriz y modelo Cara Delevingne posa con un cachorro de león para la campaña de una subasta cuyos fondos fueron destinados a las organizaciones que velan por la seguridad de los leones en África. Palacio de Bellas Artes el 23 de enero de 2015 en Paris, Francia. (Foto de Pascal Le )
La actriz y modelo Cara Delevingne posa con un cachorro de león para la campaña de una subasta cuyos fondos fueron destinados a las organizaciones que velan por la seguridad de los leones en África. Palacio de Bellas Artes el 23 de enero de 2015 en Paris, Francia. (Foto de Pascal Le )

The Raw Story publica una idea parecida. El periodista David Ferguson trató de llamar la atención sobre la actitud de EE.UU. hacia las mujeres afroamericanas. Ferguson lamentó que la sociedad casi unánimemente haya condenado al cazador, pero trató de justificar la muerte de la afroamericana Sandra Bland (que se suicidó en su celda en la prisión). El periodista enumeró una serie de casos registrados en las últimas dos semanas, en los que afroamericanas detenidas por la policía fueron halladas muertas en sus celdas.

“Mientras que los leones africanos pueden estar bajo amenaza, ¿no es hora de reconocer que aquí en EE.UU. la vida de los afroamericanos también está bajo amenaza?”, pregunta Ferguson.

Otra reacción todavía más curiosa fue la del gobierno de Zimbabue, que, por qué no decirle, también es un tanto preocupante. “¿Qué león?”, fue la respuesta de la ministra de Información del país africano, Prisca Mupfumira, al ser consultada sobre Cecil.
Tryphina Kaseke, una residente de Harare, la capital de Zimbabue, preguntó
 a un periodista de Reuters: “¿Quiere decir que toda esta polémica se generó por un león asesinado? En este país los leones se matan con frecuencia. ¿Qué novedad hay en esa noticia?”.”¿Por qué los estadounidenses se preocupan más [por el león] que nosotros? Nunca hemos oído que se discutiera la muerte de campesinos por parte de leones y elefantes”, refutó otro residente local, Joseph Mabuwa.

La polémica del león más famoso de Zimbabue -al menos en el resto del mundo- se volvió a desatar tras la publicación de una carta que un estudiante africano escribió al The New York Times. En ella, Goodwell Nzou – que cursa un doctorado en Biociencias Moleculares y Celulares en la Wake Forest University- afirma que en Zimbabwe no lloran por los leones. “No me malinterpreten: para los zimbabwenses, los animales salvajes tienen un significado casi místico. Pertenecemos a clanes y cada clan tiene un animal como un antecesor mitológico. (…) Pero nuestro respeto por estos animales no nos ha impedido cazarlos o permitir que los cacen. (Estoy familiarizado con los animales peligrosos: perdí mi pierna derecha por una mordedura de serpiente cuando tenía 11 años)”, continúa Nzou.

Ciudadanos americanos manifestándose por el asesinato de Cecil el león.
Ciudadanos americanos manifestándose por el asesinato de Cecil el león.

“No me malinterpreten: para los zimbabuenses, los animales salvajes tienen un significado casi místico. Pertenecemos a clanes y cada clan tiene un animal como un antecesor mitológico. (…) Pero nuestro respeto por estos animales no nos ha impedido cazarlos o permitir que los cacen. (Estoy familiarizado con los animales peligrosos: perdí mi pierna derecha por una mordedura de serpiente cuando tenía 11 años)”, explica Nzou en la carta.

El estudiante añade que los zimbabuenses están sorprendidos porque a los norteamericanos les importan más los animales africanos que las personas africanos, y finaliza diciendo esto: “No nos digan qué hacer con nuestros animales cuando ustedes permiten que se cacen los leones de montaña que están cercanos a extinguirse. Y por favor no me den el pésame por Cecil a menos de que estén dispuestos a ofrecerme condolencias por los habitantes que asesinó o que pasan hambre por cuenta de sus hermanos, o por la violencia política”.

El enfado de Nzou parece justificado, pero lo cierto es que la comparación no parece del todo justa cuando la cifra de muertes humanas a manos de leones es de tan sólo 100 personas al año. Es obvio que nadie alzará la voz si un campesino mata a un león que está amenazando a su familia, pero lo que ha indignado a la gente en este caso es que alguien haya pagado 50.000 euros por matar a un animal por el mero hecho de pasar un buen rato. 

El león Cecil.
El león Cecil.

¿Por qué nos hemos volcado tanto con Cecil el león?

Según ha explicado a el diario El País el psicólogo Francisco Estupiñá, secretario de la Sociedad Española de Psicología Clínica y de la Salud (SEPCyS), hay datos empíricos que podrían explicar este fenómeno. El primero de ellos apunta al aumento de la preocupación de la sociedad occidental por el bienestar de los animales, confirmada por la tendencia cada vez más en boga de las alternativas o estilos de vida relacionados con la “empatía animal”, como los vegetarianos o veganos, o los movimientos sociales a favor de la abolición de las corridas de toros.

Manifestación en contra del Toro de la Vega de Tordesillas.
Manifestación en contra del Toro de la Vega de Tordesillas.

Otros estudios sugieren que la empatía hacia otros seres humanos y a los animales son factores relacionados pero independientes. Alguien puede disponer de más empatía hacia humanos o hacia animales y eso no tiene por qué condicionar esas diferentes emociones, por lo que puede que desarrollemos más empatía hacia los animales que a los humanos”, explica este psicólogo.

La exposición constante a los contenidos mediáticos también condiciona, restando o avivando, nuestra respuesta emocional ante determinadas situaciones. “La habituación afecta a la sensibilización. La noticia reiterada deja de tener la misma capacidad para impactar. La estructura y los contenidos habituales en los medios de comunicación nos acostumbran a las desgracias humanas. ¿Cuándo fue la última vez que no se ha hablado de una guerra en un lugar del mundo? La gente come mientras escucha esas tragedias sin darle demasiada importancia, y enseguida pasa a los deportes. Una noticia como la del león no es una historia a la que el gran público está habituado, por lo que la respuesta emocional también es diferente”, anota Estupiñá.

En un estudio de un grupo de sociólogos americanos, al investigar el impacto emocional que generaban cuatro situaciones distintas en las que la víctima era un bebé, un adulto y ciertos animales, los encuestados manifestaban sentir más pena y rabia cuando las víctimas eran animales o bebés que los adultos. “Ese fenómeno se podría deber a que cuando vemos una noticia como la de Cecil pensemos que el león es un ser indefenso absolutamente entregado a los deseos de la figura poderosa del cazador. Cuando se trata de muchas personas que mueren en un conflicto, a veces interpretamos que esas personas están ahí porque quieren, pues tienen forma de escapar. Esa indefensión que detectamos en ciertos animales no la vemos tanto en adultos como víctimas”, señala Delgado.

La jerarquía de la muerte

Pero este fenómeno va más allá de animales respecto a personas, pues lo mismo ocurre entre unas personas y otras pues, aparentemente, las muertes de unos importan más que otras.

La misma semana en la que dos individuos mataron a 13 personas en la redacción de la revista francesa Charlie Hebdo e inmediatamente todos “fueron Charlie”, en el noreste de Nigeria unos dos mil perdían la vida a manos de Boko Haram y nadie fue nadie.

Je ne suis pas kenia

Después de que la milicia islamista somalí de Al Shabab asesinara a 147 personas en la Universidad de Garissa (Kenia), muchos se preguntaban por qué un ataque de esta magnitud no ha llamado tanto la atención de los medios como el siniestro del avión de Germanwings, en el que murieron 150 personas.

Todo esto se puede explicar con la teoría de la jerarquía de la muerte”, un término que usan los medios anglosajones para describir cómo y por qué damos más cobertura a unas víctimas frente a otras, especialmente en información internacional. En esta jerarquía influyen varios factores, que podemos dividir en dos grupos: la proximidad y la calidad de la información. Cuando hablamos de proximidad nos referimos a que nos interesa más lo que ocurre en nuestro país y en países cercanos, sobre todo si hay alguna víctima local. Por ejemplo, El País publicó el obituario de todos los fallecidos del 11-M, algo que por otra parte es de lo más comprensible.

El-País-11M-2004

Por otra parte, la calidad de la información se refiere a que son muchos los medios que cuentan con corresponsales o enviados especiales en países europeos y americanos, incluidas las agencias, mientras que se cuentan con menos medios y recursos en países como Kenia, Nigeria o Siria, que a menudo son más peligrosos.

Ambos factores provocan no sólo la desinformación en el primer mundo sobre lo que ocurre en países menos desarrollados, si no que se llega a ‘deshumanizar el conflicto’ hasta el punto en que sea todavía más difícil empatizar con las víctimas.

Además, hay que tener en cuenta que se presta menos atención a los conflictos en marcha, ya que son (desafortunadamente) previsibles. Vemos estos países como si estuvieran en un conflicto permanente hasta el punto de que no importa tanto qué ocurre en Nigeria o en Kenia, sino cómo afecta a Estados Unidos o a Rusia, por ejemplo. Como recordaba Owen Jones en The Guardian, nos olvidamos de las guerras complejas en países sin peso estratégico.

La imagen de Aylan Kurdi agita la conciencia de Europa

Un agente turco recoge el cuerpo de Aylan Kurdi de la orilla.
Un agente turco recoge el cuerpo de Aylan Kurdi de la orilla.

 Miles de ciudadanos sirios han iniciado una migración masiva hacia Europa por culpa de la guerra que está asolando su país. Los medios de comunicación en mayor o menor medida se han hecho eco de una crisis de refugiados que está poniendo en jaque a media Europa, pero parece que la ciudadanía no fue consciente de la magnitud del asunto hasta que una cruda imagen dio la vuelta al mundo.

Se llamaba Aylan Kurdi y tenía 3 años. Su hermano, de 5 años, y su madre también perecieron en el accidente. Procedías de Kobani, ciudad del norte de Siria y fronteriza con Turquía. Huían de los bombardeos constantes y la violencia infinita.

Pero las críticas no tardaron en aparecer declarando que la imagen era demasiado explícita y que los medios de comunicación tan sólo querían buscar el morbo para captar la atención de los lectores. Una atención cada vez más difícil de alcanzar ante una sociedad completamente insensible a la desgracia ajena. El debate, pues, estaba servido. ¿Es ético mostrar el cuerpo de un niño muerto para que la gente reaccione? ¿Hasta qué punto los medios abusan de este pretexto para mostrar imágenes así? ¿Dónde está el límite? Nilüfer Domir, la autora de la polémica imagen, contó al diario Hürriyet que se le heló la sangre cuando vio el cuerpo del pequeño Aylan con su camiseta roja. “Espero que el impacto que esta foto ha creado ayude a lograr una solución”, dijo en declaraciones realizadas a la cadena CNN Turk.

El doctor en Sociología, Xesús A. Lage Picos defiende la justificación de esa imagen: “Como imagen tiene una capacidad de hacer explícita la tragedia de los refugiados sirios. Es responsabilidad del informador dar cuenta de lo que ocurre y sensibilizar a la ciudadanía”.

Por otra parte, el jefe de la sección de sociedad de EFE Barcelona, Francisco José Niebla, afirma no estar de acuerdo con la publicación de imágenes tan explícitas. “Yo soy absolutamente contrario a publicar fotografías de personas fallecidas y aún más si son menores. Sin embargo, en este caso reconozco que la fotografía ha ayudado a sensibilizar sobre el problema. Pero me pregunto ¿cuánto tiempo tendrá que ver en internet el padre de Aylan la foto de su hijo muerto? ¿No estaremos añadiendo sufrimiento a la familia con una fotografía convertida en icono? ¿Alguien le pidió permiso a su padre para publicarla?”, declara.

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El Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados (ACNUR) estima que unos 160.000 refugiados e inmigrantes han llegado a Grecia por mar desde principios de año. En julio, más de 50.000 personas, en su mayoría sirias, habían llegado a Grecia, en comparación con los 43.500 que lo hicieron en todo 2014. Hay muchos niños como Aylan que están sufriendo la misma suerte.

Migrantes intentando llegar en balsa a las costas europeas.
Migrantes intentando llegar en balsa a las costas europeas.

Redes sociales y activismo de postureo
Las redes sociales producen una fácil adhesión a movimientos, causas o ideas, donde la militancia se presenta como algo tan fácil como firmar una petición online para que algo deje de ocurrir. Es políticamente correcto hablar de un drama en Facebook porque la expresión de solidaridad cuesta unos segundos para darle al like y compartir. La empatía es muy fácil de demostrar, pero no es una acción. ¿Hasta qué punto ese impacto supone una diferencia en el comportamiento de las personas? ¿Cuántos se han planteado la militancia en una ONG más allá de la charla de café o el escritorio del ordenador?
En una encuesta realizada para este reportaje, 360 personas –de los cuales el 44 % son jóvenes de entre 19 y 25 años- han respondido a una serie de preguntas en torno a este tema.

encuesta 1

El resultado de las siguientes preguntas demuestra lo que se mencionaba antes, cómo la gente manifiesta su preocupación por ciertos asuntos a través de las redes sociales, pero la mayoría no forma parte de ninguna ONG. 

encuesta 2

encuesta3

encuesta 5

encuesta 6

El papel de los medios de comunicación, ¿están a la altura de sus responsabilidades? Los medios de comunicación pueden sensibilizar al mostrar las imágenes de la pobreza del tercer mundo; pero al mismo tiempo, si estas imágenes se hacen recurrentes y habituales a todas las horas del día hacen que el problema se visibilice como algo familiar y se insensibilice al mismo tiempo. Por otra parte, no se pueden ignorar las jerarquías del poder de los medios que cuentan con agencias que marcan diariamente cuál es la agenda de interés. Para las grandes corporaciones de medios multimedia resulta contraproducente prestar atención continuada a tragedias “en países o regiones periféricos”, que ponen en evidencia la desigualdad, la exclusión, y la ignominia de las corporaciones, inversores, estados, organismos internacionales, y una indeterminada parte de la ciudadanía de los países que cuentan con determinados niveles de bienestar. Contraproducente para poder seguir ejerciendo la hegemonía que legitima formas de consumo, estilos de vida, de organización y relación social, cuestionables por insostenibles e inmorales. 

Volviendo a nombrar al sociólogo Xesús A. Lage Picos, alude a un factor psicológico de la sociedad. “Resulta duro mantener la atención sobre la desgracia de los otros. ‘Ya tengo bastante con mis problemas y miserias, necesito descansar, distraerme, evadirme…’, el mando a distancia permite hacer desaparecer al instante las imágenes del horror y sufrimiento de las pantallas, sustituyéndolas por otras que resulten más placenteras. Ser sensibles o solidarios con determinadas situaciones humanas, tanto en el entorno inmediato, como del más lejano requiere cierta capacidad de empatía y fortaleza de carácter”.

¿Y qué podemos hacer contra eso?

Al preguntarle a Lage sobre si existen intereses ocultos tras la elección de dar más cobertura mediática a unos sucesos que a otros, él lo tiene claro: sí. El sociólogo afirma que Aunque la propia rutina de la realización y producción de noticias trate de imprimir cierta lógica de orden y normalidad a lo que se hace, tras cada agenda informativa hay una manera de interpretar el mundo que responde a intereses más o menos explícitos. “Los agentes que tiene más poder para influenciar las agendas informativas están interesados en hacer pasar por natural su particular mirada del mundo”, declara.

Reportero de guerra.
Reportero de guerra.

El papel de los medios es, pues, crucial en la triste realidad de la indiferencia que sentimos ante el tercer mundo.  Según el periodista Niebla, existen soluciones. “Los periodistas debemos ser más originales y documentar bien nuestras informaciones, que parezca que cada vez se trata de una tragedia nueva. Si cada día comemos con imágenes de la guerra de Siria, al final nos acostumbramos a ella, pero si la tratamos desde puntos de vista diferentes cada día quizá logremos que se visualice de otra forma”. Y finaliza añadiendo que debemos dejar de tratar estos asuntos como si de un espectáculo se tratase. Pero sobre todo, debemos atenernos al pilar básico del buen periodismo: el rigor. Rigor a la hora de marcar las agendas informativas y ejercitar la autocrítica como método. 

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