Los otros migrantes de Italia

María Salas Oraá – Roma
Desconfía de los líderes políticos, está en paro, no tiene esperanzas en que su futuro inmediato mejore, sufre la crisis económica y solo confía en prosperar si sale de su lugar de origen: es el perfil de los jóvenes italianos del sur, que huyen de forma masiva de sus regiones para lograr un trabajo en el norte de Italia, más industrializado y próspero. Los 700.000 jóvenes que han emigrado del sur al norte están cambiando la demografía italiana y comparten muchas características con las dramáticas historias de los miles de inmigrantes que llegan a Italia procedentes del Norte de África. Dos perfiles muy diferentes que han convertido a Italia en un país origen de movimientos migratorios para jóvenes y destino para miles de inmigrantes cuya meta está en llegar a Europa.

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Salvando las distancias y con la gran diferencia de que viven en un estado europeo, democrático y sin guerras, con servicios sociales garantizados, los italianos sureños son los otros migrantes de Italia y comparten muchas de las características con los miles de jóvenes que, casi a diario, arriesgan sus vidas para alcanzar las costas italianas procedentes de África con el objetivo de lograr mejores condiciones de vida. Los jóvenes del sur y los inmigrantes que llegan a diario desde hace ya años, aunque recientemente con más frecuencia, son los dos principales agentes del cambio en la estructura poblacional de Italia.

En los años que comprenden la crisis económica, son más de 700.000 los jóvenes que han salido del sur para ir al norte, según el Instituto de Estadísticas Italiano (Istat). Casi la mitad de ellos eran graduados universitarios. Una pérdida de capital humano que dañará todavía más la ya resentida economía sureña. Y los flujos migratorios todavía continúan, porque el 95 % de los jóvenes de menos de 25 años procedentes del sur de Italia se dice dispuesto a mudarse a otras regiones italianas, según publica el semanal Panorama. Las posibilidades de querer mudarse aumentan de manera proporcional al nivel de estudios y son los mejor cualificados los que huyen al norte de la falta de oportunidades. Y es que los jóvenes con estudios se ven sin expectativas en la Italia meridional. El Istat calcula que en los próximos 50 años serán más de 4 millones los jóvenes del sur que migrarán al norte.

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Aunque las disparidades económicas entre el norte y el sur son históricas, se han acentuado debido a la crisis económica que golpea el país desde 2008. Según el semanal británico The Economist, los problemas económicos de Italia han creado “dos economías en un único país”. Revela que durante la crisis, la economía del sur se ha reducido el doble que la del sur. “Entre 2008 y 2013, la economía del sur ha disminuido un 13 % mientras que la del centro y el norte decreció un 7 %”.

El 70 % de los desempleados de Italia están en el sur. En las regiones meridionales, la tasa de paro duplica o triplica la del norte. Así, según el Instituto de Estadísticas Italiano, la tasa de desempleo en el norte es del 7,9 % mientras que en el sur asciende al 20,2 % (segundo trimestre de 2015). Cifras que empeoran al referirse a los jóvenes de entre 15 y 24 años: el 57,4 % está desempleado en el sur frente al 28,8 % del norte.

Las causas se remontan a la unificación de Italia, en 1870. El norte, industrializado, con sedes de grandes bancos y gran potencia automovilística, comprende el 90 % de las exportaciones de Italia. De los más de 400 mil millones de euros de exportaciones, el sur solo aporta el 10 %. Cifras que se reducen aún más con la crisis, porque han bajado un 4,7 % en el último año frente al anterior. En el sur, una zona rural, poco industrializada y dependiente del turismo, es difícil obtener crédito y hay menos inversiones, fruto de las precarias economías locales. Ahí, de los graduados universitarios, el 30 % no tiene trabajo, es decir, solo trabaja uno de cada tres. Y son las mujeres las que se llevan la peor parte, porque el 70 % de ellas está desempleada, de las cuales más de la mitad son jóvenes.

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Son las historias de Giacomo, Andrea, Beatrice o Arianna. Jóvenes, todos ellos graduados universitarios, que han emigrado a Roma (centro) y a Milán (norte) para poder lograr un empleo en su campo. Giacomo y Andrea, de 26 años, son de la región de Apulia y llegaron a Roma hace tres años con el objetivo de trabajar en Comunicación y Economía respectivamente. “En Apulia todo está fatal. Si te quedas ahí (en el sur) sabes que solo podrás dedicarte al turismo en los meses de verano y el resto del año estarás parado”, explicó Giacomo a este medio. “En Roma no gano un gran sueldo, pero por lo menos puedo trabajar como economista, que es para lo que he estudiado durante más de seis años”, agregó Andrea.

Lo mismo pensó Arianna, de 24 años y graduada en Derecho. Emigró desde Sicilia a Milán cansada de trabajar en una heladería cerca de su casa. “No quería que un trabajo de estudiante se convirtiera en mi empleo de por vida”, dijo Arianna a este medio. Aunque todavía está de prácticas en un bufete de abogados, tiene esperanzas en la capital lombarda. “Es duro irte de tu casa de manera forzada”, criticó la joven, resignada a que “las cosas en el sur no cambiarán”. Lo mismo pensó Beatrice, de la misma edad y graduada en Psicología. “Ahí es imposible, no hay nada de nada”, dijo sobre Calabria, la región en la que nació y de la que tuvo que irse por falta de trabajo. “Trabajar como psicóloga en mi región es algo impensable”, sentenció la joven.

Cuatro testimonios de una “huida masiva” que criticó el periódico “La voce di Sicilia in New York” (La Voz de Sicilia en Nueva York) en un artículo titulado “La ‘Buena Escuela’ de Renzi en Sicilia. O emigrar el Norte o adiós al trabajo“. En este diario, sicilianos que viven en la ciudad estadounidense acusan al primer ministro de Italia, Matteo Renzi, del Partido Democrático, de “eliminar de la agenda política la cuestión meridional”. En este caso, acusan al premier de realizar una reforma educativa que castiga de forma más dura a los profesores sicilianos y hablan de “un problema que afecta a la isla y, en general, al sur de Italia. Un problema que no existe, porque el Gobierno Renzi y el Partido Democrático han eliminado de la agenda política la cuestión meridional“, añadió el texto.

Como los creadores de este periódico, hay jóvenes que han dado un salto más grande y no se han quedado en el norte de Italia, sino que se han ido a otros países de Europa en busca de mejores oportunidades.

Viajes de cientos de kilómetros que tampoco llegan a satisfacer a estos jóvenes. Se resignan a volver a sus ciudades meridionales en las vacaciones, momento en el que se encuentran con sus familias y con los pocos amigos que todavía viven ahí. Son, en su mayoría, los que han encontrado un hueco en el negocio familiar, pequeñas empresas, sobre todo enfocadas al turismo. Los entrevistados entienden que las condiciones de vida son mejores lejos del sur y que tener un empleo digno es la prioridad, pero que viven a diario con la desesperación y la impotencia de no poder tener oportunidades en el lugar en el que quieren estar.

Migrantes italianos y extranjeros comparten, además, las críticas de una buena parte de la sociedad italiana, principalmente procedente del norte, y defendidas, sobre todo, por el partido derechista y xenófobo Liga Norte en palabras de su secretario general, Matteo Salvini. A los italianos meridionales les acusa de ser vagos, querer vivir de las ayudas sociales y de ir al norte a robar los empleos. Un mensaje más fuerte ofrece hacia los inmigrantes. Ha llegado a pedir que no se les rescate del mar porque, de este modo, no querrán venir. Ha sido, además, el autor de frases cómo “¿Pobres inmigrantes…? ¿Pero quién les ha invitado?”.

Quien sí ha tenido palabras de apoyo para jóvenes y para inmigrantes ha sido el papa Francisco. En varias ocasiones, Jorge Bergoglio se ha referido a los jóvenes como “la esperanza de los pueblos” y ha llamado la atención sobre el problema “grave” que constituye el desempleo juvenil. Del mismo modo, ha pedido que se respeten los derechos de los inmigrantes y él mismo se ha reconocido “hijo de una familia de inmigrantes”.

Son los extracomunitarios los que sufren una desesperación acentuada hasta el punto de arriesgar sus vidas en barcazas cruzando el Mediterráneo, es la que comparten los miles de inmigrantes que llegan a las costas italianas cada día con el único objetivo de tener una vida mejor. Es el caso de Talese Fisaha, uno de los supervivientes de la tragedia de octubre de 2013 en Lampedusa en la que murieron 360 personas al hundirse un barco y que llevó al papa a criticar con dureza la “vergüenza de Europa”. Este joven eritreo de 30 años llegó a Roma como inmigrante irregular, huyendo del horror de su país e intenta ganarse la vida como cámara de televisión, para lo que estudió durante años. Sin embargo, tras llegar a Italia, sigue sin ser feliz. porque no está junto con su familia.

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Como él, son ya más de 100.000 los inmigrantes irregulares que llegaron a Italia en lo que va de año, según la Organización Internacional de las Migraciones. Todos ellos, agentes del cambio demográfico de Italia y personas que viven situaciones difíciles, en muchos casos dramáticas. Historias como la de la mujer somalía Aasiya, que fue rescatada a finales de agosto por el barco Bourbon Argos, de la organización humanitaria Médicos Sin Fronteras, que participa en el dispositivo comunitario Tritón.

“He sufrido muchas dificultades y problemas atravesando el desierto del Sáhara, incluyendo torturas y tres disparos de bala. He sufrido en el Sáhara sin tener ningún tipo de atención sanitaria. Me recuperé yo misma autoadministrándome calmantes del dolor. También me ayudaron otros hombres somalíes que me encontré a lo largo de mi travesía. Todavía tengo cicatrices, porque me golpearon desde la cabeza hasta los pies. Me ha afectado también psicológicamente. Yo sobreviví y pido al mundo que me ayude”, rogó la refugiada somalí a los equipos de rescate una vez en Italia.  

Un dolor físico que no reciben los italianos meridionales que dejan todo para buscar un futuro. Pero todos ellos comparten la necesidad desesperada de huir de un territorio sin oportunidades y llegar a un lugar, esperado, en el que, sin embargo y a pesar de todo, tampoco se sienten en casa.

Imágenes de Flickr. Cedidas por Médicos Sin Fronteras. María Salas Oraá

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