Cierra un cine

Por Juan Ignacio Mazzoni (@jimazzoni)

Abre un cine: doce caracteres que en agosto de 2015 fueron un titular de la sección de economía de El País de Madrid. Estas tres palabras asépticas resumían el apasionante periplo de cinco cinéfilos gallegos que fundaron Númax, una sala “como las de siempre“. El milagro ocurría “no en un centro comercial“, sino en el casco histórico de Santiago de Compostela. El modelo de negocios cooperativo de este emprendimiento de difusión de filmes alternativos es parte de su éxito en tiempos de crisis. Económica, sí, pero también de la manera de consumir cine.

En Uruguay, a doce horas de vuelo y un charco de por medio, la situación es otra. Cierra un cine. Tres palabras que, más que una noticia, parecen una obviedad en el contexto actual, en el que la internet y el vídeo a demanda han transformado los patrones de consumo no sólo de contenidos audiovisuales, sino de productos culturales en general.

Este caso uruguayo, sin embargo, no es apenas el ejemplo inverso de Númax, porque no se circunscribe a un único establecimiento que cierra sus puertas. Cuando aquí se habla de un cine que se está apagando, no se trata de una sala de exhibición que está a punto bajar el telón por última vez: es la misma producción nacional y la memoria audiovisual de este pequeño país de 3,4 millones de habitantes lo que corre riesgo de desaparecer.

(Video de la Asociación de Productores y Directores de Cine del Uruguay, con imágenes emblemáticas de películas nacionales para denunciar el estado de emergencia de la producción audiovisual del país suramericano)

Un cine que pelea por existir

El tamaño de Uruguay y la falta de políticas a lo largo de su historia para establecer un cine propio hacen difícil marcar una continuidad en la creacíón audiovisual y vislumbrar el desarrollo de una industria filmográfica en el país. El primer registro fílmico del que se tiene conocimiento data de 1896, un año luego de la invención del cinematógrafo de los hermanos Lumière. Desde entonces, son varias las películas que se han presentado como primera película uruguaya, como apuntaba en un artículo de 2002 Manuel Martínez Carril, fundador de la Cinemateca Uruguaya, el mayor archivo fílmico del país sudamericano.

Es que tras el estreno en 1923 del primer largometraje uruguayo, Almas de la Costa, recientemente restaurado y reestrenado por la Cineteca Nacional de México, son varios los filmes que se adjudican el primado de la filmografía uruguaya a lo largo de las siete décadas en las que la producción nacional fue intermitente.

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Nunca en ningún país el cine nació tantas veces, lo que lleva a la sospecha de que los cineastas emergentes nunca habían visto cine de su país o bien que ese cine moría después de cada película y había que empezar de nuevo”, acotaba esta figura emblemática del ámbito cinematográfico de Uruguay, fallecido en 2014.

La carencia de una industria no ha impedido la existencia de un cine nacional, y que a pesar de todo, a lo largo del tiempo se hayan concretado expresiones creativas de diversos autores“, agregaba Martínez Carril.

Efectivamente, en los casi 120 años del séptimo arte en Uruguay, la producción audiovisual nacional ha existido, si bien creció y ganó visibilidad internacional hacia finales de la década de los 80, y más especialmente desde 2008, con la aprobación de una Ley de Cine, que formalizó la existencia de un fondo de fomento para la producción audiovisual y que creó el Instituto del Cine y el Audiovisual del Uruguay (ICAU), un organismo estatal dedicado para favorecer la creación audiovisual en el país.

Entre los objetivos del ICAU enumerados en la ley se encuentra “fomentar, incentivar y estimular la creación, producción, coproducción, distribución y exhibición de obras cinematográficas y audiovisuales uruguayas en el país y en el exterior”, así como la preservación del patrimonio fílmico del país.

El nacimiento de una industria

A partir de la creación del ICAU con la entrada en vigor de la ley, la producción audiovisual nacional creció de manera exponencial. El coste total de producciones nacionales aumentó de 3,3 millones de dólares en 2011 a 6,7 millones en 2012, año en el cual un 26% provino de aportes estatales, según datos de la Asociación de Productores y Directores de Cine de Uruguay (Asoprod). Asimismo, la cantidad de producciones en este período fue de una media de diez películas por año, con un pico en 2012 de 17 producciones, de las que 14 fueron estrenadas.

Asimismo, gracias al impulso dado por una generación de cineastas que lanzaron películas desde finales de la década de los 80 y durante los 90, el cine uruguayo logró obtener una visibilidad en festivales internacionales como Cannes (Francia), San Sebastián (España), Berlín (Alemania) y Mar del Plata (Argentina), lo que redundó un reconocimiento de la crítica internacional.

Es de esta manera que en pocos años, también gracias a las políticas afirmativas del fomento de la producción audiovisual, el cine uruguayo produjo quizás más películas que a lo largo de las décadas que lo precedieron. Esta situación, descrita en otro artículo de 2012 en el Semanario Brecha de Montevideo,  permite hablar de que el cine uruguayo “ha comenzado a adquirir estructuras más o menos industriales” y que “el papel del Estado es determinante en un proceso que falta determinar si se mantiene o se incentiva”.

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Posters de algunas de las películas uruguayas de los últimos tiempos con más visibilidad internacional

Aunque la ley que crea el ICAU dicta claramente la existencia de un fondo de fomento a la producción audiovisual, no queda claro cómo apoya la distribución de las películas nacionales. Un editorial de diciembre de 2014 de la Cinemateca Uruguaya denunciaba esta “política por omisión” en el ámbito de la distribución y la exhibición en el país suramericano, cuyas salas independientes no pueden dotarse con los equipamientos necesarios para exhibir películas sin éxito comercial en épocas de transformación tecnológica, en las que las copias en formatos analógicos van cediendo terreno a los soportes digitales.

En Uruguay, la exhibición cinematográfica está sometida a las reglas del mercado sin importar qué se exhiba y con qué fines, sin que se realice ninguna distinción entre las instituciones que mantienen desde hace décadas una política de formación de espectadores y de difusión del cine de todas partes del mundo, de aquellos que exhiben cine orientado al consumo“, apuntaba el editorial de la organización, que denunciaba así la falta de fomento a la distribución y exhibición fuera de las lógicas comerciales.

El Ministerio de Educación y Cultura estuvo muy solícito cuando las multisalas, las salas en los complejos, requirieron hacer la transición al sistema digital para poder seguir exhibiendo pero no estuvieron tan solícitos cuando las salas chicas especialmente del interior del país quisieron también exoneraciones impositivas y apoyos para poder seguir exhibiendo cine en el interior del país“, denunció el periodista Christian Font, de la Asociación de Críticos Cinematográficos del Uruguay, al respecto de las facilidades fiscales otorgadas por el Estado a los circuitos de distribución comerciales para facilitar el cambio tecnológico.

Fade out: un cine que se apaga

Actualmente en Uruguay se discute el Presupuesto Nacional para el próximo quinquenio. En tiempos de enfriamiento de una economía que no avanza con los mismos indicadores de bonanza de la última década, los resultados se hacen sentir. Los recortes en el gasto de las empresas públicas tiene una repercusión en la cultura con la reducción de mecenazgos y publicidad oficial, mientras que los reclamos por mayor presupuesto para la educación, la salud y el incremento salarial de los funcionarios públicos hace que el segundo gobierno del presidente Tabaré Vázquez (2015-2020) transcurra su año inicial en un clima de alta conflictividad con trabajadores, estudiantes y sectores de la sociedad civil.

El cine uruguayo no es ajeno a esta situación. A las dificultades de distribución y exhibición, se suma el deterioro de las ayudas públicas. La ley de cine de 2008 establecía un fondo de fomento audiovisual anual, fijado en 25 millones de pesos uruguayos, equivalentes a 1,3 millones de dólares al momento de entrada en vigor de la normativa. Con la devaluación progresiva del tipo de cambio, el valor del fondo corresponde al día de hoy a 851.788 dólares. Para más inri, en la redacción de la ley no está previsto el reajuste del fondo con el Índice de Precios al Consumo (IPC), un indicador de la inflación por el que se reajustan la mayoría de las partidas brindadas por el Estado y que implica una pérdida aún mayor del valor del fondo.

Por ese motivo, los gremios de actores, críticos, técnicos y productores de cine se reunieron pasado 14 de septiembre en un acto simbólico para apagar las luces del cine uruguayo. En este acto simbólico, convocado por las redes sociales, al menos un millar de personas se congregaron en la Plaza Independencia de Montevideo, frente a la sede del Poder Ejecutivo, hacia donde apuntaban tres focos de luz como los que se usan en los rodajes. Uno a uno, los focos dejaron de emitir luz, símbolizando la agonía del cine nacional.

Para Asoprod, los apoyos financieros de la ley de 2008 significaron “inmediatamente en un cambio sustancial en la producción“, dijeron los voceros de la asociación, Guillermo Rocamora y Juan Álvarez Neme en la lectura de la proclama con las reivindicaciones del sector, que debe buscar dos tercios de la financiación para sus películas de fuentes que no sean estatales.

De producir una o 2 películas por año en el comienzo de siglo pasamos a estrenar 14 en el año 2012. Lo que parecía un sueño en la década del 90 se estaba volviendo realidad. Existía un cine uruguayo“, expresaron los cineastas.

Pasaron los años y lo que eran 100 pesos uruguayos en el año 2008 pasaron a valer 60 al día de hoy. Esto se traduce en una pérdida económica real del 40% del fondo. Imaginen que a cualquiera de ustedes le hubiesen congelado el sueldo y hoy cobrara el mismo monto en pesos que hace siete años. Su poder adquisitivo habría bajado tanto que sería muy difícil cubrir los gastos básicos, ir al supermercado o pagar un alquiler“, explicaron los miembros de Asoprod.

Hoy, nuestro cine está en esa situación y si proyectamos la curva de inflación a finales de este período, en el 2020 la pérdida real del fondo será del 70%“, concluyeron.

En este panorama, en 2014, apenas una ficción nacional fue rodada, en comparación con las 14 de 2012. En 2015, la situación se mantiene igual: hasta ahora dos largometrajes de ficción están siendo rodados.

En 2014, los sectores vinculados al audiovisual firmaron un compromiso audiovisual en el que, entre otras cosas, el Estado uruguayo se comprometía a actualizar los fondos de fomento audiovisual según el IPC para potenciar la industria audiovisual y promocionar la marca país.

Vídeo de 2014 en el que Asoprod explica el acuerdo alcanzado con el Gobierno para impulsar el sector audiovisual

Sin embargo, en la ley de Presupuesto Nacional 2015-2020, no está contemplado el reclamo del sector audiovisual, que emplea a 700 técnicos que ven en riesgo su fuente laboral, y que no brinda un panorama prometedor a los 4.000 estudiantes de carreras audiovisuales de Uruguay.

En la ley de presupuesto tal como fue presentada no hay ninguna salida ni ninguna herramienta para mejorar la situación. Lo que estamos exigiendo los cineastas, los actores y los técnicos del cine es que mínimamente se actualice el fondo por el IPC. En la sociedad, desde el punto de vista económico, todo se actualiza por IPC, los salarios, los alquileres. El fondo, que fomenta una actividad en crecimiento como el audiovisual, también debería hacerlo“, expresó Enrique Buchichio, cineasta uruguayo, cuya película Zanahoria (2014) ganó el Colón de Oro del Festival de Huelva a mejor película.

Los servicios de producción están dolarizados, los salarios aumentan también, las tarifas aumentan, entonces el fondo de fomento cada vez tiene menos valor”, matizó Buchichio.

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Las luces del cine uruguayo se apagan simbólicamente. / Juan Ignacio Mazzoni

Por su parte, los profesionales del audiovisual, los técnicos y los actores también presentaron su perplejidad por el hecho de que Antel, la empresa estatal de telecomunicaciones, haya retirado los apoyos al cine nacional y haya afianzado las alianzas con el servicio de vídeo a demanda Netflix, con beneficios y descuentos para los nuevos afiliados y con almacenamiento de datos de manera gratuita en servidores uruguayos para los datos del coloso audiovisual estadounidense.

Esta es la política que hoy tiene nuestra mayor empresa estatal (…) Prioriza sin vergüenza el tráfico de datos a través de los servicios de conexión frente a la promoción de consumo y producción contenidos locales. ¿Por qué no le exigimos a Netflix que compre ocho o diez películas nacionales por año si quiere brindar sus servicios en Uruguay? Suena ilógico que el país invierta millones de dólares en poder transportar datos a todos los hogares del país y que no utilice esa infraestructura para acercar y fomentar la producción de contenidos nacionales“, reclamaron los cineastas.

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Fotos de la manifestación de los trabajadores audiovisuales para denunciar la situación de emergencia en el cine nacional. Fotos: Juan I. Mazzoni

Contra todo pronóstico

Aún en este panorama de crisis, según Asoprod, el cine nacional logró vender cerca de 70.000 entradas en 2014, uno de sus peores años, golpeado por la transición a los formatos digitales, cuyos costos son trasladados por los exhibidores cinematográficos por el pago de un cánon, lo que dificulta el acceso a las salas comerciales del cine nacional, si bien a fines de 2014, el Gobierno logró que el circuito de exhibición comercial no cobrara los cánones a las producciones nacionales, que quedan en las salas y horarios menos convenientes si no son un éxito de taquilla asegurado.

En este contexto, las películas uruguayas no logran mantenerse en cartel durante más de una semana, y son generalmente relegadas a los espacios menos apetitosos de la grilla de programación de los cines.

Aún así, según los cineastas, el cine nacional igualó en afluencia a las salas a otras expresiones artísticas que sí cuentan con una subvención más significativa por parte del Estado uruguayo, como la Comedia Nacional, o el Ballet Nacional, aún en desventaja “con menos dinero, alta captación de inversión extranjera, estructuras fijas casi nulas y sin una sala nacional de exhibición”, expresaron los miembros de Asoprod.

Asimismo, en el tercer informe nacional sobre consumo y comportamiento cultural de 2014, se advierte que dos tercios de los uruguayos han visto cine nacional alguna vez en su vida, datos que, según los académicos a cargo de la elaboración del documento, “confirman que el cine nacional es reconocible para los uruguayos, dejando en claro que existe una imagen diferenciada de ‘otros’ cines o producciones cinematográficas en la región y a nivel internacional“.

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Gráfico tomado de Imaginarios y Consumo Cultural Tercer Informe Nacional sobre Consumo y Comportamiento Cultural (2014)

No en todos lados se cuecen habas…

Los cineastas uruguayos apuntan que en otros países de la región, que también sufren los vaivenes de la desaceleración de su economía, la política de fomento al audiovisual no es de retracción, sino más bien por el contrario: aumenta.

Argentina aumentó casi un 30% sus subvenciones para el cine nacional, con un decreto de septiembre que indica que “en la actualidad y en lo que respecta a los costos de filmación de películas nacionales, se han producido variaciones al alza en diversos rubros que afectan la continuidad de la inversión en la industria cinematográfica”.

Programa radial de julio de 2015 que relata el éxito del cine argentino dentro de fronteras.

Por su parte, los gremios del cine también ponen su foco sobre la situación de Brasil, que aún en recesión, toma medidas para dar cuotas de pantalla a producciones nacionales y regula los servicios de video a demanda con resultados satisfactorios.

“¿Esto que significa? Que ante los mismos problemas coyunturales y situaciones sociales aún mas graves que la nuestra, la inversión en el sector audiovisual se mantiene o se redobla y la defensa del valor de la producción nacional se protege y fomenta“, expusieron los voceros de Asoprod en la lectura de su proclama.

Una situación que adquiere una dimensión internacional

La situación del cine uruguayo también llegó a oídos de todo el mundo, especialmente luego de que saliera a la luz el estado financiero crítico de la Cinemateca Uruguaya, que, además del archivo fílmico más importante del Uruguay, mantiene un circuito de exhibición independiente financiado por sus abonados. Por una cuota equivalente a dos entradas de cine comercial por mes (unos 15 dólares) garantiza a los socios el acceso a una programación en cuatro salas de Montevideo,  quizás un poco más “como los de antes” que Númax. también en el centro de la ciudad, donde las salas de cine se vuelven iglesias pentecostales.

De este modo, la Cinemateca un archivo vivo, ya que pone a disposición del público un espacio para exhibir las películas que conserva, corría riesgo de cerrar su sala más grande, con capacidad para 800 personas, por no poder afrontar los gastos de alquiler.

Así, una campaña lanzada en las redes sociales reunió a voces como la de Martin Scorsese, que invitaba al pueblo uruguayo a “seguir sosteniendo su cine y su cinemateca”, ya que una sociedad que sigue el camino de proteger su imagen audiovisual “es una sociedad sabia”.

Pero también otras figuras, como el director de cine Javier Rebollo, las actrices argentinas Norma Aleandro y Mercedes Morán y el cantautoruruguayo-español Jorge Drexler se sumaron a esta iniciativa para pedir al Gobierno del país que no deje echarse a perder su acervo de imágenes en movimiento.

El apoyo no solamente vino de figuras importantes, sino de más de 10.000 personas que firmaron una petición online para que el Gobierno salvara de la crisis a la Cinemateca, que tiene en depósito archivos pertenecientes al Estado, que anualmente le brinda una partida fija de 200.000 pesos (6.800 dólares) para la conservación de sus salas, monto irrisorio para los gastos que debe erogar la institución.

Cinemateca se debe mantener con un modelo de ventas de entradas, y eso repercute de manera importante no solamente en el propio patrimonio, sino en los servicios que presta. A lo largo de los años se ha vuelto deficitaria y cada vez más está brindando servicios menos adecuados a los requerimientos de la exhibición cinematográfica, que es un sector que depende muchísimo del aggiornamento tecnológico“, dijo María José Santacreu, coordinadora general de la Cinemateca, a la Comisión de Educación y Cultura del Senado uruguayo en una sesión en junio.

A veces uso un símil para ilustrar lo que significa mantener un archivo en estas condiciones: sería como si mañana dijéramos a la Biblioteca Nacional que debe llevar adelante sus actividades, pagar el alquiler del local, hacer frente a los salarios, costear el consumo de energía eléctrica, comprar los libros y mantenerlos en condiciones, cobrando a los ciudadanos por leerlos. Es exactamente lo que hace Cinemateca, con el agravante de que el cine es más caro de mantener que los libros porque requiere de otras condiciones“, agregaba Santacreu.

En ese sentido, Lorena Pérez, jefa de archivos de la Cinemateca Uruguaya, explicó en la misma ocasión que, debido a la falta de recursos humanos y materiales, la institución debe realizar una “preservación pasiva”, es decir, “tratando de mantener los niveles de humedad y de temperatura constantes”, El archivo cuenta con dos funcionarios para los 22.000 títulos fílmicos que lo componen, que van “revisando y viendo qué nivel de deterioro” tienen las películas.

Aún así, la Cinemateca guarda en sus bóvedas imágenes que quedaron grabadas en las retinas de Uruguay y del mundo: a modo de citar algunas, el hundimiento del acorazado alemán Graf Spee en la Batalla del Río de la Plata de 1939, el único escenario de la Segunda Guerra Mundial en el Atlántico Sur, así como el triunfo de Uruguay de 1950 ante Brasil en su segundo mundial en el estadio de Maracaná, en Río de Janeiro.

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A esta altura nos parece natural que estén ahí, pero no es así; están ahí porque hay un grupo de personas que se han encargado –como notoriamente lo hizo Manuel Martínez Carril– de juntarlas, preservarlas y cuidarlas para que estén a disposición porque son la memoria fílmica. Nuestro pasado está allí guardado, pero es imposible seguir manteniéndolo de esa manera“, dijo Santacreu ante los senadores.

El final de la película

En este contexto de crisis del cine nacional, en el que todos los pilares de la cinematografía corren riesgo o están en situación de precariedad debido a los cambios de las industrias culturales a nivel global, el país está en un momento en el que puede dar una vuelta de timón y asegurar el mantenimiento de la creación, la llegada a los espectadores y la preservación de la memoria en imágenes del país. El presupuesto está en vías de discusión, aunque no es probable que las cosas cambien radicalmente.

En todo caso, el final de la película no es evidente a esta altura de la función y no está claro si será feliz. Hay que ver si el Gobierno, el protagonista que puede dar la vuelta de tuerca a este drama, lo hará efectivamente.

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