Maxim, una historia de supervivencia.

Este es el relato de Maxim, camerunés que llegó a España de forma ilegal en agosto de 2014. En su país era comercial, vendedor de ropa. No quiere que su imagen acompañe su historia, tiene miedo. Apenas habla español, y cuenta, en francés, la historia de su travesía de forma pausada, detalle a detalle. Las siguientes líneas narran su experiencia en la dura ruta que hizo de Camerún a Tarifa.

“Sali de mi país en 2012 con la intención de hacer la ruta para Europa. Tenía un amigo en el Magreb que me dijo que saliera, y que la entrada en Europa era factible. Abandoné a mi mujer y a mis dos hijos y cogí el camino.

Subí de Camerún a Nigeria, donde estuve dos o tres semanas haciendo cargamernto de cajas para conseguir un poco de dinero e ir a Niger. Es difícil entrar a Niger porque las fronteras están controladas, hay tipos en moto que te exigen dinero y hay que pagarles para poder continuar. Al cruzar la frontera a veces la policía te dispara.

Llegué a Niger. Dormí en una especie de “agencia de viajes”. Para poder pagar el alojamiento y el billete trabajé haciendo ladrillos, algo que jamás había hecho en mi país. Luego los de la agencia me compraron el billete y me dejaron en la estación.

Después pasé a Agadéz (Niger) donde estuve dos o tres semanas trabajando para pagar el transporte hasta Arlit, que es la frontera de Niger con Argelia. Allí encontré a una persona que me ayudó porque tenía dinero para viajar. Pero fue difícil, porque teníamos que cruzar el desierto en un camión que tenia el techo abierto y tuvimos que esperar a que llegaran cien personas para emprender el viaje. El problema de día era el calor. Hay mucha gente que desaparece en el desierto, que muere en la ruta. A medio camino nos abandonaron. Dijeron que tenían que ir a buscar a alguien de madrugada y nos encontramos helados de frío y perdidos. Caminamos desde las dos o tres de la mañana hasta las 3 de la tarde, cuando llegamos a la primera ciudad de Argelia.

Allí nos pararon unos hombres que decían que eran policías y nos pidieron dinero. Es normal que durante la ruta haya gente que intente aprovecharse de los inmigrantes clandestinos.

La primera ciudad argelina a la que llegamos se llamaba Tamanrasset. Recuerdo que era como un gobierno, porque cada nacionalidad tenía su gueto y su jefe. Como no tienes dónde ir, los propietarios del gueto te ofrecían alojamiento y por tanto eran los que mandaban. Para pagar todos los gastos, nos llevaban por la mañana a hacer las cosas de construcción y cuando tenías el dinero suficiente podías continuar con el resto del viaje. Ellos mismos iban a la estación y te compraban el billete, tú no podías ir.

Continuamos el viaje y llegamos a Orán, el sitio de Argelia donde más africanos hay. Pasé dos o tres semanas trabajando en la obra y compré el ticket para seguir.

Llegué a la frontera de Argelia con Marruecos, a Magnia. La vida en Magnia es increíble. El agua está sucia, hay mucha pobreza, vives en el bosque, la policía te molesta. Si la policía te pilla en Magnia te lleva a una frontera que está muy lejana. Venían dos veces al día, por la mañana y por la noche. La gente ahí se organiza: presidente, primer ministro, etc. Allí también cada uno está en su nacionalidad, incluso más organizado que Tamanrasset. Cuando llegas ahí tienes que pagar 8.000 dinares para estar en el gueto.

Ellos te organizan el viaje a Oujda (Marruecos). No es que ellos vayan a la estación y te paguen el ticket porque no hay vehículo que pase de Magnia a Usda, es que te organizan el viaje, que salía cada viernes.

Magnia es un sitio que está constantemente renovándose. Dormíamos en lo que llamábamos “ el búnker”: abrían una trampilla y dormíamos bajo el suelo con mantas. El número de personas dependía mucho: 100, 200, 300.

Para vigilar, estaban los controladores, que tenían una pequeña casita al lado donde dormían. El problema allí sobre todo es para las mujeres, porque llegas a un lugar como ese y todo el mundo se quiere acostar contigo. Todos los jefes se quieren acostar contigo antes de hacerte continuar. Si no lo haces no viajas. Es como con los niños pequeños. Si estás allí y les hacen algo a tus hjos no puedes hacer nada. Si respondes, te atan y te golpean.

A veces quemaban un hilo de nailon y dejaban que las gotitas calleran. Son los jefes y no tienes elección.

Emprendimos el viaje a Oujda. Los argelinos disparaban por la noche. Nos encontramos otro gueto y otra obligación de pagar para llegar a Nador, unos 700 u 800 dirhams. En Marruecos no fue tan fácil, porque a diferencia de Argelia, no había apenas trabajo. Tenáis que ir pidiendo por la calle comida y dinero a ver si alguien podía ayudarte. Para ir a Nador (Marruecos), fuimos andando hasta el bosque para saltar al tren. En la estación la policía te molesta.

Al llegar a Nador, saltamos del tren y nos metemos en el bosque, donde te espera la mafia. Te piden dinero para quedarte en el bosque. Ahí dormíamos antes de organizarons para saltar la valla, la mafia te ofrece caminos por los que es más fácil pasar.

Intenté saltar una, dos, tres, cuatro veces. Cada día se organizaban por nacionalidad. Estuve ocho meses en el Monte Gurugú. Es como la guerra, hay mucha gente que está loca y la policía te pega sin que puedas hacer nada.

La cuarta vez que lo intenté decidí intentarlo en Tanger para cruzar por agua. Hay muchos marroquíes más racistas que los europeos, nos llamaban “africanos” y tú piensas, ¿Qué pasa, que tú eres europeo?.

De nuevo, mafia en Tanger. Marroquíes te cobraban por dormir en casas desocupadas. A veces la policía llegaba y te llevaba de nuevo a Oujda. Hice el viaje de nuevo y crucé a Tarifa por mar, remando en una zodiac sin motor. Creía que iba a morir en el agua, lo había intentado diez veces por lo menos antes de conseguirlo, diez veces por el mar.

Nos organizábamos, por ejemplo, ocho personas, cada uno da un poco de dinero para comprar un zodiac y para pagar a un marroquí al que llamábamos “la motomafia”, que va con una moto delante para ver dónde esta la policía marroquí.

Llevaba dos años de sufrimiento y cuando llegué a Tarifa, no era lo que esperaba. Ahora que lo pienso, no diría que es una buena decisión. He llegado aquí y me dicen que tengo que esperar tres años para conseguir papeles y trabajar legalmente, pero para poder pedir los papeles te hace falta un contrato de trabajo.

Pero he dejado a mi mujer y mis hijos allí. No puedo volver así porque soy la esperanza para mi familia. Ahora mis hijos tienen cinco y dos años. A la pequeña no la conozco, cuando emprendí el camino mi mujer estaba embarazada”.

Ruta de Camerún a España./ Rocío Galán.
Ruta de Camerún a España./ Rocío Galán.
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