Dimitri, el camerunés economista que saltó la valla.

Dimitri tiene 29 años. Es de Camerún, llevaba un año en España y ahora se ha ido a Alemania. Estudió en su país economía matemática. Sabe español, pero le da vergüenza y prefiere hablar en francés. Estas son sus impresiones sobre su futuro y las oportunidades (o su ausencia) de los jóvenes en su país.

P: ¿Cuál era tu situación personal en Camerún?

R: He estudiado economía matemática. En mi país podemos elegir entre dos cosas en la vida: o estudias o te vas a la calle. Si estudias vas a la escuela vas superando los ciclos. La dificultad es cuando llegas a un nivel en el que no puedes alcanzar el máximo porque el sistema social no te permite llegar a lo que mereces.

Hay un fenómeno que fastidia a todos los países africanos, la corrupción. La cosa está clara puedes haber conseguido tu diploma y no tener trabajo. Y quien no tiene diploma y tiene una buena familia tiene trabajo. Como son “hijos de” tendrán la oportunidad de conseguir un trabajo y vivir la vida de lujo, la vida que cualquiera desea pero ninguno puede tener.

Dimitri en Madrid./ Rocío Galán.
Dimitri en Madrid./ Rocío Galán.

P: ¿Por eso decidiste venir?

R: No solo por eso, hay muchas más razones. Sino todos los jóvenes que estuvieran en mi misma situación hubierna intentado venir. Si yo en España obtengo un diploma y vuelvo a Camerún tendré una ventaja con los cameruneses que están allí. Eso es lo que hace la diferencia.

P: ¿Sabías a qué te enfrentabas?

R: Yo pensaba en las dificultades pero eso no me frenó porque tenía la idea de que en España tenían mucha fuerza los servicios sociales y quería probar suerte.

P: ¿Cómo conseguiste venir?

R: Salté la valla. Estuve dos años y medio en Marruecos. Yo he probado a saltar la valla del Gurugú, he probado el mar, en Casiago, en Ceuta, en Nador. Al final he saltado por Melilla.

Lo intenté todas las veces que pude, todas las veces que tenía la fuerza. Nunca olvidaré uno de los días que lo intenté en Ceuta, el día en que murió Nelson Mandela.

P: ¿Cómo crees que vemos los españoles la inmigración?

R: Hay dos maneras de pensar: aquellos que piensan que los inmigrantes vienen por necesidad y no tienen nada que aportar, y aquellos que piensan que es un suceso de miseria que ha provocado más pobreza en España, la parte más racista y más xenófoba.

Luego está la imagen que la televisión muestra de África. Muestran la África más pobre y por consecuencia, cuando ves la televisión te sientes superior a los africanos. Pero hoy por hoy, con Internet y el avance de la ciencia, dos jóvenes de la misma generación han de ser del mismo nivel, la era de colonos y esclavos ya pasó. Hay que basarse en las capacidades y en las oportunidades que la vida debería darnos y que algunos no tenemos.

P: ¿Cuál es tu plan de futuro?

R: Ser un buen economista. El problema es que cuando llegamos en España no tenemos las condiciones que pensábamos que íbamos a tener. Hay una barrera, sobre todo si has entrado de forma ilegal. Hay muchos jóvenes que vienen con muchas expectativas, unos mecánicos, economistas, deportistas.

Lo que se encuentran cuando llegan es un sistema legal que no les deja desarrollarse personalmente y piensan en volver a casa, pero no quieren volver porque eso significa volver a la vida anterior. Es como si estás debajo del agua y luchas por subir y hay alguien que te pone un plástico o te empuja hacia abajo.

P: ¿Qué dirías a la gente que no entiende vuestra situación?

R: Pienso de esas personas que son un poco dogmáticas y habría que darles información real sobre África. Son como los niños que comen chocolate todo el día y no conocen de dónde viene el cacao.

La diferencia entre allí y aquí, es que aquí tu puedes llegar a ser alguien si te esfuerzas. Pero allí no podemos ser los mejores, no hay una imagen clara de futuro. Si allí no tienes nada nunca serás grande.

P: ¿Ayudas a tu familia?

La familia siempre te está pidiendo dinero. Cuando tú puedes y haces algún trabajillo les puedes dar cien euros y con eso pueden vivir un mes. Intentamos hacer pequeños trabajos. Por cuatro horas te dan veinte euros. Si lo haces cinco veces, te dan cien euros.

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