Ambulantaje, la vía de subsistencia tatuada en la piel de México

Isabel Reviejo (REPORTAJE).- Con su curiosa mezcla de frutas, verduras, artesanías y juguetes, Socorro ha hecho suya una esquina de la Roma, un barrio situado en el corazón de la capital mexicana, donde cada día desde hace tres años sitúa su mercancía.

Su jornada comienza a las cinco de la mañana, cuando abandona su casa para emprender el largo trayecto que, a diario, la lleva desde una localidad del Estado de México -una entidad aledaña al Distrito Federal- a su lugar de trabajo.

Puesto ambulante en la plaza principal de Valle de Bravo (México) / Isabel Reviejo

La estabilidad, si es que esta palabra encaja en la actividad de Socorro, se traduce en los 100 pesos diarios (unos 6,50 dólares) que gana y que le resultan, sumados a su pequeña pensión, vitales para mantenerse, ya que no cuenta con más apoyo que el de su hija, también viuda.

Al menos, ya pasaron los años en los que los camiones de las autoridades se llevaban su mercancía con frecuencia, por no tener el registro proporcionado por el Ayuntamiento que, desde la muerte de su marido, ya posee, explica a Efe sin apenas levantar la vista del nopal que, cuchillo en mano, está limpiando.

No hace falta alejarse demasiado de allí para darse cuenta de que el comercio callejero es una actividad más que frecuente en la ciudad. A unos metros, una mujer expone sus coloridos bolsos de palma mientras trenza distraídamente; un poco más lejos, otra ofrece por pocos pesos chicles, cigarros y chucherías.

El Distrito Federal cuenta con poco más de 100 mil vendedores ambulantes censados, con autorización, pero este tipo de comercio se mueve entre unas cifras mucho mayores.

Según un informe de principios de año publicado por la Cámara Nacional de Comercio (CANACO), el comercio ambulante acapara el 40 % de las ventas de la capital, lo que se traduce en 285.543 millones de pesos (unos 18.533 millones de dólares) no declarados.

Los artículos relacionados con software, audio y vídeo son, con el 35 % del ambulantaje, los más solicitados, seguidos por alimentos preparados (23 %), ropa y calzado (20 %), y electrodomésticos y artilugios electrónicos (10 %). Licores, cigarrillos, regalos y libros son algunos de los productos que se encuentran en el porcentaje restante.

Ambulantes entre el tráfico del Distrito Federal / Isabel Reviejo
Ambulantes entre el tráfico del Distrito Federal / Isabel Reviejo

Literalmente, cualquier lugar es susceptible de ser un punto estratégico para los ambulantes. Incluso los carriles de las autopistas, congestionadas a diario en las horas punta, se convierten en escenarios que los vendedores aprovechan para apaciguar la interminable espera de los conductores con agua, refrescos o bolsas de patatas, aunque también hay sitio para objetos más extravagantes, como “palos para selfies” o sombreros pirata.

“¡A diez, a diez!”, proclama una vendedora en las calles del centro histórico de la capital, la zona en la que el ambulantaje, prohibido por ley, siembra más polémica.

La ambulante agita en sus manos su mercancía, formada por cuchillas de afeitar y limas para las durezas de los pies. No acude todos los días a la calle para vender; únicamente lo hace cuando necesita un dinero “extra”, explica a Efe.

La presencia de las autoridades no dificulta mucho su tarea aunque sea ilegal ya que, en su caso, únicamente le dan “avisos”, pero no le quitan sus productos, aunque esto sí ocurre, según ha observado, con los ambulantes más jóvenes.

Precisamente, esta inacción por parte de las fuerzas de seguridad y las autoridades es lo que denuncian los comerciantes de la zona, quienes claman que la excesiva presencia de ambulantes en ciertos espacios les afecta hasta en un 50 % de sus ventas, además de causar una gran inseguridad que aleja a los ciudadanos del centro.

Clip de vídeo: El callejón de Tabaqueros, ejemplo del multitudinario ambulantaje en el centro de la capital / Isabel Reviejo

La llegada de las elecciones celebradas a principios de este mes, en las que se eligieron cargos locales, sirvió para que el tema del comercio informal se pusiera encima de la mesa, mediante las propuestas de algunos candidatos de regularización, asunto que hasta ahora parece prácticamente imposible.

Dependiendo de la localización en la que operen, los vendedores reciben diferentes nombres. Es el caso de los “toreros“, mote que es el equivalente mexicano al de vendedor de “top manta” que se popularizó en España. Su nombre hace referencia a que, cuando se da la alerta de que llegan las fuerzas de seguridad, los “toreros” levantan sus mantas, recogiendo así rápidamente la mercancía.

Los trenes del metro son el hábitat de los “vagoneros“, quienes operan en las concurridas líneas de la capital. Los viajeros están más que acostumbrados a acompañar sus viajes con las frases preacuñadas con las que los vendedores tratan de atraer la atención sobre sus productos, que van desde espejos o cedés recopilatorios de música hasta herramientas.

Capítulo aparte merecen los vendedores que recorren las calles con sus carros, acompañados de pegadizas cantinelas. La reina de todas ellas es, sin duda, la que anuncia la llegada de los “tamales oaxaqueños”, que se ha convertido en una marca nacional casi tan popular como los tacos y el mezcal, y que incluso el director mexicano Alejandro González Iñárritu incrustó, a modo de guiño a su tierra, en su oscarizada “Birdman”.

El comercio callejero es una actividad muy extendida a lo largo de toda la geografía nacional. En las regiones de México donde esta ocupación es más popular, la cifra de población que obtiene ingresos con la venta itinerante llega hasta el 27 %; es el caso de los estados sureños de Guerrero, Yucatán y Oaxaca y de los centrales Morelos y Tlaxcala.

Puestos callejeros en San Luis Potosí (México) / Isabel Reviejo
Puestos callejeros en San Luis Potosí (México) / Isabel Reviejo

Los estudios apuntan a diversas causas para explicar esta tendencia. Entre ellas, la insuficiente creación de empleos formales y la excesiva regularización a la hora de iniciar un negocio, lo que se traduce en altos costes, difíciles de afrontar en uno de los países más desiguales de la región, donde el 1 % de la población acapara el 43 % de toda la riqueza.

Además, la complejidad a la hora de emprender viene acompañada por un enrevesado acceso al crédito por parte de las micro y pequeñas empresas, como señala el Centro de Estudios Sociales y de Opinión Pública.

Las nubes, que comienzan a dibujar sombras en las calles, anuncian que dentro de poco el agua comenzará caer, algo habitual en las tardes de verano, cuando es la temporada de lluvias.

“Ahora que llueve, ya no se vende”, lamenta Socorro. Sus manos, como han hecho a lo largo de toda la entrevista, siguen empeñadas en raspar sin descanso un nopal tras otro.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s