Por ser mujer

Un médico ha sido condenado en Egipto por la muerte de una niña de 13 años a la que había practicado una ablación, a pesar de estar prohibido en el país desde 2008.  ¿Cuántas mujeres más deben morir antes de que se erradique la práctica de tal barbarie?

La ablación del clítoris es una costumbre que se práctica todavía hoy en día en 28 países, principalmente en África y el Yemen. Tres millones de niñas corren el riesgo cada año de sufrir esta mutilación. La mayoría de estas operaciones son realizadas sin garantizar las normas de higiene básicas y practicadas por personas que no disponen de ninguna formación médica.

¿Que consiguen con eso? Nada. La ablación genital no tiene ningún beneficio para la mujer, más bien lo contrario. Se trata de una salvajada más perpetuada en contra del llamado sexo débil con la finalidad de estigmatizar y controlar. La ausencia del clítoris hace que la mujer no sienta ningún placer a la hora de practicar el sexo, convirtiendo las relaciones sexuales en un mero trámite para tener hijos o complacer a su marido.

¿Porqué privar de algo tan bonito a sus mujeres? ¿A sus hijas? ¿Cómo puede un padre mirar a los ojos de su pequeña y consentir que se le practique tal aberración sin sentido ni utilidad? El sexo es tabú, en África, en América, aquí y en todas partes. Por mucho que intentemos cubrirnos con la capa del libertinaje y de la libertad personal, el sexo continua siendo algo en lo que las mujeres, por desgracia, seguimos estando un paso por detrás.

Y no es que no lo estemos en muchos otros campos de la sociedad. En España, por ejemplo, las mujeres cobran un 16 por ciento menos que los hombres haciendo el mismo trabajo. Sin razón, simplemente por el hecho de ser mujer. Este es solo un ejemplo más que demuestra que hasta en sociedades modernas como la nuestra, el sexo femenino se encuentra un paso por detrás de los hombres.

El hombre caza y la mujer recolecta, se supone que ha sido así desde el principio de los tiempos, o al menos, eso es lo que se dice, porqué ¿a caso hay pruebas fehacientes que demuestren que las sociedad prehistóricas se dividían por sexos igual que lo hacemos hoy en día?

Somos diferentes, física y morfológicamente estamos diseñados de forma distinta. Los hombres son más fuertes, tienen más resistencia mientras que las mujeres son más flexibles. Aunque ser diferentes no implica estar a distinto nivel.

En todo caso, todas estas diferencias se acentúan cuando hablamos de sexo. Esta bien visto que un hombre se acueste con muchas mujeres, pero cuando es al revés, todos sabemos lo que pasa. Esta desigualdad hace también que el placer masculino se anteponga en muchas ocasiones al femenino. Presentamos una visión distorsionada de las relaciones sexuales en las que la función de la mujer es satisfacer al hombre y, de paso, a ella misma.

El sexo rige nuestra sociedad. Podemos negarnos a la evidencia, reprimir nuestros instintos básicos y fingir que no es así, pero eso no cambiará el hecho de que el sexo es necesario. Es bueno para nuestro cuerpo pero también para nuestra mente.

El sexo puede ser sucio, salvaje y denigrante, pero también puede ser bonito, romántico… la conexión física entre dos personas que, durante un rato, no ven más allá del otro. ¿Qué hay de malo en ello?

Privar a una niña, que algún día será una mujer, de gozar de una vida sexual plena y placentera es una forma más de reafirmar la superioridad para que nadie olvide su papel en la sociedad. Igual que en el pecado original, la mujer es la causa de todos los males. Es la mujer quien provoca al hombre y lo empuja a dejarse llevar por sus instintos más básicos. ¿La violación? Es culpa de la chica, llevaba una falda muy corta o un pintalabios demasiado llamativo.

En todo el mundo las mujeres tienen que aguantar comentarios machistas relacionados con su sexualidad, medir su vestimenta y sus palabras para no parecer una buscona, cubrir sus cuerpo y su cabello para no provocar. Porqué, en todos lados, siempre es la mujer quien incita al sexo. La ablación del clitoris no es más que una forma más de denigrar a una mujer por ser mujer.

¿Y si hiciéramos un poquito más el amor y menos la guerra? Quizás entonces, conseguiríamos crear sociedades realmente modernas basadas en la cooperación y no en la desigualdad.

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