Podemos no es Syriza

Las manifestaciones en la capital se han reducido en un 30% en el 2014 con respecto al 2013. El contexto no ha cambiado, no hay menos razones que empujen a los ciudadanos a tomar las calles. Pero la indignación se ha convertido en esperanza. Podemos consiguió reunir a 300.000 personas (según los cálculos de la propia formación) en Madrid sin pretexto alguno, con el único objetivo de alimentar el ego de Pablo Iglesias y los suyos. No pidieron nada, tampoco hubo propuestas. No criticaron la nueva Ley de Seguridad Ciudadana, tampoco reprocharon la prisión permanente revisable.
Los cientos de miles de personas que se acercaron a escuchar el mitin están convencidos de que puede llegar el cambio, de que está cada día más cerca. No obstante, los líderes y los que se apretujaron en la Puerta del Sol no compartieron el mismo discurso. En aquella plaza ondearon banderas republicanas. También había muchas de Grecia y Syriza. Pero no, Podemos no es Syriza.

Marcha de Podemos. / Zana Viso
Marcha de Podemos. / Zana Viso

Mientras Iglesias recitó la intervención tan concienzudamente preparada por él mismo o por su equipo de comunicación, los asistentes no guardaron esas banderas. Pero el líder evitó referirse a este periodo de forma explícita: “Más de 100 años después, mirando al balcón que está debajo de ese reloj, hubo gentes que soñaron una España moderna y democrática en la que no hubiera diferencias entre hombres y mujeres. En la que todos los niños tuvieran una escuela pública a la que ir. En la que la oscuridad y la ignorancia fueran sustituidas para siempre por la justicia social y el progreso. Esa gente valiente está en nuestro ADN y estamos orgullosos”. Más de 100 años después del 2 de mayo de 1808, fecha que el líder de Podemos sí citó de forma reiterada. Para ponerse ese pin de la patria, para ensalzar un nacionalismo rancio.

Discurso íntegro de Pablo Iglesias en Sol. Eldiario.es

La formación morada demostró una vez más que ‘sí se puede’ cambiar tantas veces haga falta el discurso para ganar. Hoy, a Iglesias y a sus compañeros les vale con ser un partido escoba que pretende barrer votos de todo el espectro político. Y es que Podemos no es Syriza. Dicen que el eje izquierda derecha ha de cambiarse por el de los de abajo y los de arriba. Pero ni todos los indignados que abogan por una política ciudadana y seria son de abajo, ni todos los de abajo tiene sed de una democracia más sana. No todos los que estuvieron en las plazas durante el Movimiento 15M aplaudieron a los líderes de formación morada el sábado pasado. El mitin de culto al líder no tuvo cabida aquellos esperanzadores días de mayo y la mayoría de los participantes detestarán esta capitalización y búsqueda de la rentabilidad política de las protestas.

31 de enero, Puerta del Sol. / Zana Viso
31 de enero, Puerta del Sol. / Zana Viso

Ahora la formación de Pablo Iglesias se aparta de “su partido hermano” heleno, ahora que Tsipras empieza a renegociar la deuda con la UE. “Ni España es Grecia”, ni Syriza va a hacerles “los deberes”, ha repetido la cúpula del partido últimamente.Y es que Syriza es un acrónimo de Coalición de Izquierdas Radical con tradición euro-comunista que no esconde sus raíces. Pero no debemos olvidar que el origen ideológico de Podemos es Izquierda Anticapitalista. Aunque Iglesias y sus compañeros recularon, rehuyendo de cualquier etiqueta. Si bien es cierto que la coalición helena ha tardado nueve años en convencer a su electorado antes de gobernar, Podemos podría conseguirlo en sólo un año y medio. Además, ambos comparten ese aire innovador,  propuestas descafeinadas cuando se acercan los comicios y la crítica a sistemas políticos en decadencia. Sin embargo, hay una enorme diferencia: la discordancia entre el discurso oficial de la formación morada y la identificación ideológica de sus seguidores podría jugarles una mala pasada. Puede que la estrategia de acaparar al electorado de centro derecha, les aboque a perder a los votantes de izquierdas. Puede que aspirar a “estar en la centralidad del tablero“, tal como defendió el número dos de Podemos, Íñigo Errejón, les conduzca al desinfle.

Puede que la pedagogía emocional y la retórica mantenga encandilado al electorado. Y puede que la clave de su éxito esté en las ansias por el cambio, y no en los méritos del partido. Aun así, son el camino alternativo, los únicos que pueden transformar la esperanza de la gente que se echó a la calle el 31 de enero en sonrisas. Pero Podemos no es Syriza, ni de lejos.

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