El futuro está en las escuelas

Opinión/ Alicia Justo

Carlos Uriel es mejicano y tiene 5 años. Cada día debe bajar una montaña, caminar por la carretera y cruzar un arroyo para llegar al cole. Pero llora cuando la madre lo amenaza con sacarle del colegio si se porta mal. Attiya Ali, con 11 años y pakistaní, va en silla de ruedas a la escuela después de sufrir un ataque de los talibanes. De mayor quiere ser profesora. De Méjico a Pakistán todas estas  historias tienen un denominador común: voluntad para cambiar lo establecido. A pesar de su corta edad, estos niños ya tienen claro que estudiar puede suponerles un futuro mejor, muy diferente al de sus progenitores. Los padres de Carlos Uriel consiguen reunir al mes  solo 200€ y con mucha suerte. En la casa de Attiya entran 100€ mensuales y debido a las medicinas que ella necesita , el resto de sus hermanos ya no pueden acudir al colegio. Todos reconocen que la escuela puede salvarles la vida.

Varios niños en un colegio de Bandala, en India/ONGD 'Me importas'
Varios niños en un colegio de Bandala, en India/ONGD ‘Me importas’

Actualmente, en el mundo hay aproximadamente 60 millones de niños que no van al colegio, de modo que, el objetivo de que todos los menores estuvieran escolarizados en 2015 será inalcanzable. Los máximos dirigentes son los que verdaderamente han suspendido y además con muy baja nota. Han decidido que la formación de los menores no es tan importante como mantener armadas a sus guerrillas o amparar a terroristas y traficantes.  Han considerado que destinar fondos a construir una escuela no es primordial, prefiriendo guardarse las subvenciones en sus bolsillos. El PIB destinado a educación en la mayoría de los países empobrecidos es una cifra irrisoria porque los gobernantes reconocen el arma poderosa que es la educación. Sin ella, les será más fácil aletargarse en el poder. Sin ella, sus ciudadanos se comportarán como autómatas perdiendo el significado de la lucha por sus derechos.

Las consecuencias de esta indiferencia son múltiples y siempre sobrecogedoras. Los expertos aseguran que el analfabetismo aumenta la mortalidad y la explotación sexual en los países empobrecidos. Esos niños que no van a la escuela podremos verlos, por ejemplo, deambulando por las ciudades de Sri Lanka, acechados por europeos acomodados que buscan satisfacer sus deseos sexuales más aberrantes. O esas niñas a las que se les prohíbe acudir a clase en Afganistán, serán las esposas y sirvientas de unos sexagenarios incapaces de valorar la dignidad de una mujer. Muchos de estos pequeños serán los futuros esclavos, terroristas, traficantes y sicarios del siglo XXI. Pero sobre todo, serán las personas menos felices del planeta. Y era algo evitable y que estaba en nuestras manos.

Este drama se intensifica con las niñas, quienes padecen con mayor gravedad la imposibilidad de escolarizarse. Por ejemplo, en Nigeria las masacres y secuestros perpetrados por Boko Haram, han conseguido que miles de niñas abandonen las aulas. Recordemos que el nombre de esta organización terrorista significa “la educación occidental está prohibida´´. El futuro de estas pequeñas es fácil de imaginar. Serán esclavas de sus esposos yihadistas o las empujarán a convertirse en mártires, como preconizan los extremistas. Les han despojado a mano armada de su dignidad y de su futuro y quienes se constituyeron como guardianes del Estado han caído rendidos ante la barbarie.

En algunos países que una niña acuda a clase es un acto heroico/Diego Ibarra-El País
En algunos países que una niña acuda a clase es un acto heroico/Diego Ibarra-El País

La educación está en la base del desarrollo de un país. Sin ella, sus habitantes están destinados a la pobreza espiritual y económica. La cultura y la educación son sinónimos de garantía social, de empoderamiento de las personas, que podrán evitar la manipulación de sus gobernantes. Es innegable que la sanidad, el acceso a una vivienda y la alimentación son pilares básicos, pero es la educación la que favorece todo lo anterior. Es una inversión a largo plazo, que bebe de la constancia y de la paciencia pero cuando se recogen sus frutos, estos son poderosos, absolutos, transformadores. Con la educación en nuestro poder, no hay futuro utópico que exista.

 

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