Pacto con el diablo

Por Mar Morales / moralesmmar

Este miércoles medio millar de manifestantes se concentraban frente a la sede de la Comisión Europea en Bruselas con una gran figura que representaba el caballo de Troya. La multitudinaria protesta hacía visible así su repulsa al Acuerdo Transatlántico de Comercio e Inversiones (TTIP por sus siglas en inglés) que desde el 2013 negocia la Unión Europea con Estados Unidos. La concentración se celebró aprovechando que la agrupación negociadora norteamericana participa en la octava ronda de negociaciones de este tratado en la capital belga. A pesar de las alertas que arrojan desde diferentes organizaciones sobre la amenaza que conlleva esta negociación para el medio ambiente y la seguridad alimentaria y su rechazo por una amplia mayoría de la ciudadanía europea que fue consultada, el acuerdo sigue su curso. Ese “caballo de troya” a las puertas de la sede financiera europea llevaba un mensaje claro: la sociedad no está dispuesta a aceptar el tratado que nos hará perder el norte. La doctrina neoliberal sobre nuestros derechos fundamentales. Entre estas medidas están la llamada “eliminación de las barreras comerciales”, es decir, implantar restricciones a la inversión y la supresión de aranceles.

El objetivo es multisectorial porque estiman crear una zona comercial que albergue ni más ni menos que ochocientos millones de consumidores. Para alcanzar esto, el propósito de la negociación trata de aunar asuntos comunes entre ambos bloques aunque caracterizados por tradiciones en materia de regulación. Los defensores pretenden que Occidente sea el referente comercial con su consiguiente crecimiento sin perder de vista al gran enemigo: el gigante asiático. Frente a esto, sus detractores sostienen que esto será el lanzamiento definitivo de la consolidación de las multinacionales, lo que denominan “caballo de Troya” donde el poder económico basado en un orden legal promovido por el vigoroso acuerdo, se impondrá a la protección del medio ambiente y sobre nuestros derechos sociales.

La manifestación que hacía referencia a la batalla troyana donde un “inocente” regalo se convierte en una gran matanza, puso de manifiesto los problemas que puede acarrear la negociación. Aplicada esta historia al acuerdo entre la UE y EEUU, el regalo sería una liberalización del comercio para igualar las normativas en ambos lados del océano y los que se esconde dentro del mismo sería la pérdida de derechos que ello supone. Promesas sobre todas las ventajas que traerán pero donde muchos ven oscuras intenciones. Desde junio de 2013, las negociaciones han sido una incógnita para los ciudadanos por su total secretismo donde los grandes lobbies empresariales especulan con el gobierno estadounidense.

Protesta contra el tratado / Flickr CC Campact TTIP-Flashmob
Protesta contra el tratado / Flickr CC Campact TTIP-Flashmob

En 2014 se conocía parte de la materia secreta de este polémico tratado a través de filtraciones en plataformas como Filtra.la o Wikileaks donde se ponía en duda las promesas de la UE en los límites y la protección de nuestros valores. Las sospechas aumentan teniendo en cuenta la envergadura del accionista principal, el actor mundial más poderoso: Estados Unidos. Hay que atender a sus razones de su pretensión sobre la renovación o compaginación de las barreras protectoras que hacen presagiar que esta opacidad informativa se debe a unos intereses contenidos.

Algunas de las consecuencias de este tratado nos afectan directamente y a nuestro entorno. Las medidas acordadas entre los grandes imperios supondrían llenar algunos bolsillos como los de las multinacionales. En el caso de que las grandes empresas no queden convencidas de la rentabilidad recibida, podrán demandar a los Estados para que éstos respondan con indemnizaciones desmesuradas. Para más inri, el dinero empleado para dicha operación sale de las arcas públicas. Si bien la privatización aterrizó desde que la crisis se acentuó, con este tratado tendrá más facilidades para transformar servicios públicos como el agua, la educación o la sanidad. Precisamente, productos como los medicamentos ya no tendrán que someterse a los estrictos controles europeos que evalúan su calidad. Esto también afectará a los alimentos que tomaremos donde ya muchos analistas aseguran que serán transgénicos repletos de hormonas y cloro como guarnición. Por si fuesen pocos los inconvenientes que presentan este acuerdo, se incrementarán los recortes en derechos laborales.

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Borrador del TIPP en el que trabaja la Comisión de Servicios e Inversión de la UE

Si miramos a nuestro entorno, las barreras que se suprimen entre los dos lados del charco, no hacen sino empeorar el panorama. La polémica fractura hidráulica, conocida popularmente como fracking, será la opción elegida en la incansable búsqueda de las energías. Este método de extracción del gas, acusado de dañar el medio ambiente por los tóxicos vertidos, puede ser perjudicial también para nuestra salud por su contaminación atmosférica y la del agua que surca las tuberías próximas, así como la filtración de elementos químicos que se desprenden del método y que inoculan en la tierra (lo que cultivemos en esa tierra, crecerá en esa superficie contaminada). A esto se añade, que algunos expertos en materia económica sostienen que este sistema no es sostenible tampoco en términos financieros. Pero esto no es todo. Una de las principales líneas del tratado es la pretensión de los norteamericanos por abastecer a Europa con la apertura de 500.000 pozos, según el informe Fracking: un pozo sin fondo, elaborado por Amigos de la Tierra, Amigos de la Tierra Europa, Attac, Blue Planet, Project, Corporate Europe Observatory, Ecologistas en Acción, Powershift, Sierra Club y Transnational Institute.

Desde su nacimiento, el TTIP, se ha encontrado más detractores que defensores.  Entre los primeros se encuentran bitácoras como Campaña No al TTIP y que se expresan a través de las redes sociales con el hastag #NoalTTIP. Entre las esferas políticas, destaca el escrito 50 preguntas y respuestas sobre el Tratado de Libre Comercio, de Alberto Garzón  y Desiderio Cansino Pozo (IU) respondiendo cuestiones como “¿Son muy altas las barreras arancelarias entre EEUU y la UE?”

Se presentó como el antídoto ante la crisis. Con la apertura del mercado, todo el mundo saldría beneficiado. Ese era el mensaje. Sin embargo, son muchas las voces las que señalan cómo este caballo de troya puede repercutir negativamente sobre nuestros derechos, libertades y garantías como ciudadanos europeos.

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