Sara Facio, toda una vida entregada a buscar el “elemento humano” de la fotografía

Julio Cortázar con un cigarrillo apagado en los labios, el semblante serio pero tranquilizador de Gabriel García Márquez, Jorge Luis Borges refugiado entre libros… todas estas imágenes icónicas de la cultura latinoamericana son resultado de la mirada de la argentina Sara Facio, para quien el “elemento humano” es lo “más valioso” de la fotografía, un arte al que ha dedicado más de cuarenta años de su vida.

La retratista de 82 años, cuya valiosa colección de fotos tomadas por reconocidos colegas se ha exhibido en Buenos Aires durante un mes, define su profesión como un “borrador de la historia” y una forma de “mirar el mundo” en la que lo principal son las personas, sus gestos, y sus miradas.

El comienzo del éxito de Facio se remonta a la década de los años 60, cuando inició un proyecto sobre los “mejores” escritores de América Latina junto a su amiga y también fotógrafa argentina Alicia D’Amico, fallecida en 2001. Entonces, la mayoría de ellos eran desconocidos y todavía no se habían convertido en los grandes representantes de la cultura que son hoy Mario Vargas Llosa, Julio Cortázar o Gabriel García Márquez, y en cuyos hogares consiguió colarse durante horas la intrépida artista.

Julio Cortázar (Sara Facio)
Julio Cortázar (Sara Facio)

De hecho, en el caso del fallecido escritor colombiano García Márquez, logró inmortalizarlo en 1967, semanas antes de que rompiera con todos los esquemas de la literatura latinoamericana al publicar su obra “Cien años de soledad”. Y ahí estaba Facio: la misma que comenzó a hacer fotos “por casualidad”. Porque tras formarse en Bellas Artes, con 20 años se dirigió a Europa gracias a una beca del gobierno francés y fue en una exposición del fotógrafo alemán Otto Steinert donde se le encogió el estómago y descubrió su verdadera vocación.

“Como estudiante de arte, me di cuenta de que la fotografía también era un medio de expresión” y que iba más allá del típico retrato “de la novia, la chica de la comunión o el bebé”, apunta en una entrevista en la que demuestra, en todo momento, que es una mujer de armas tomar.

La fotógrafa argentina recuerda con cariño la primera vez que visitó España con una cámara debajo del brazo, un viaje que realizó en los años 70 y en el que descubrió nuevas sensaciones y se enganchó a la “gente anónima” de sus calles, de sus bares, de todos sus rincones. El lugar que eligió para esta experiencia “fantástica” fue Sevilla, donde cubrió la Semana Santa, un evento que le fascinó, sobre todo, porque durante el mismo se dio cuenta de que “no hay día ni noche”, ya que “todo es continuado” y la ciudad no duerme… ni deja dormir.

Hace 20 años, Facio comenzó a recopilar fotografías de artistas americanos y europeos para crear un archivo personal que actualmente está compuesto por casi 200 imágenes y que donó el mes pasado al Museo Nacional de Bellas Artes en Buenos Aires.

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Exposición de la colección de Sara Facio (David Fernández-EFE)

Es allí donde se han expuesto al público 70 de estas imágenes hasta este mismo mes, agrupadas en tres secciones según el enfoque que le dio a su trabajo cada artista: tierra, retratos y mirada interior. La recopilación denota el intenso trabajo que realizó Facio durante los últimos 50 años y que le permitió entrar en contacto con profesionales de la talla de Sebastiao Salgado, Alberto Korda, Annemarie Heinrich o Grete Stern.

A los “magníficos regalos” que recibió de algunos de ellos, sobre todo mientras trabajaba en los periódicos argentinos “Clarín” y “La Nación”, se suman las imágenes que adquirió por su cuenta a lo largo de su carrera o las que les pidió ella misma a colegas como los argentinos Marcos López y Adriana Lestido para completar este archivo único. El resultado es un magnífico repertorio que evidencia su sensibilidad y su excelente criterio ya no sólo a la hora de retratar lugares y personas, sino también para observar y seleccionar aquello que captaron sus propios compañeros de profesión.

Pese a haberse hecho con el galardón Kónex de platino a la mejor fotógrafa argentina de la década en 1992 y con el título de ciudadana ilustre de Buenos Aires en 2011, entre otros reconocimientos, para ella, sus verdaderos “premios” fueron ver sus fotos publicadas, según revela. Por eso le sale una sonrisa cuando habla de su etapa como fotoperiodista, algo que hacía más “por gusto” que por dinero, ya que reconoce que siempre se trató de “lo menos bien pagado” y por eso “para ganar plata, hacía publicidad”.

Facio cree que ella destacó por algo “natural” y que fue resultado de que intentó trabajar “de la mejor forma posible” y “desde adentro”, lo que le permitió disfrutar de todas y cada una de las imágenes que tomó a lo largo de su vida.

Pero se acabó. La fotógrafa argentina está algo cansada de mirar a través del objetivo, así que pese a que siempre conservará un vínculo inquebrantable con la fotografía, ahora, está decidido: “la cámara, a un costadito”.

Irene Valiente (Buenos Aires)

Imagen de portada: Sara Facio (David Fernández – EFE)

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