Un infierno para ser mujer: el Congo

Alicia Justo

 

Hay un lugar en el mundo en el que nacer mujer implica ser violada, secuestrada, esclavizada y denostada por la sociedad. Ese país es República Democrática del Congo, una de zonas más pobres del planeta y donde las mujeres sufren una violencia inimaginable.

Solo en 2012 hubo más de 30.000 violaciones en la zona de Kivu, al este del país.  Médicos Sin Fronteras atiende en el Congo a más víctimas por violencia sexual que en cualquier otra parte del mundo. En estos paisajes húmedos surcados por ricos yacimientos minerales, en las calles enlodadas y sin pavimento , se cometen 40 violaciones  cada 24 horas, puede haber “hasta 120 en un día”, reconoce MSF. Aquí las agresiones sexuales son un arma de guerra, el cuerpo de la mujer se convierte en un campo de batalla más. El ensañamiento es tan atroz que incluso se abusa  con metralletas o cuchillos. Y durante varios días.

Los testimonios ponen cara al drama que se vive en este país.
Los testimonios ponen cara al drama que se vive en este país.

Marie tiene 41 años y reside en Masisi (Kivu del Norte). “En septiembre de 2010, salí una mañana a recoger plátanos. En un cierto momento llegaron dos soldados a la plantación. Me detuvieron y me dijeron que si hablaba me matarían. Se oían disparos a lo lejos, así que supuse que estaban atacando el pueblo. Uno de los soldados me violó seis veces. Insistió en que lo llevara a mi casa. Al volver al pueblo, vi a unos soldados saqueando las casas. El que me acompañaba se llevó de la mía un colchón, cuatro cabras y cuatro gallinas. Luego se marchó. Saquearon todo el pueblo”.  En 2010, en Kivu se violaron de modo sistemático durante 4 días a más de 300 mujeres, hombres, niños y niñas.

Las raíces de esta dramática situación son bastante complejas. Deberíamos remontarnos en primer lugar a la cruenta guerra del Congo  que se extendió desde 1989 hasta 2003 lastrando la vida de  más de 4 millones de personas-el conflicto más sangriento después de la Segunda Guerra Mundial-. Sin embargo, sobre el papel los conflictos no cesaron. El genocidio de Ruanda provocó el exilio de miles de ciudadanos que con el tiempo han creado sus guerrillas. Por otro lado, el ejército no se concibe como un núcleo centralizado ya que en él se integran varios grupos  que actúan autónomamente. Y por consiguiente, las deserciones dentro del mismo son habituales. Así en 2012, los rebeldes que abandonaron el ejército nacional se enfundaron en el nacimiento de un nuevo grupo, el Movimiento 23 de Marzo(M23), que ha tenido en vilo a Kivu del Norte( este del país) y al ejército congoleño hasta su expulsión en 2013. Además, las tensiones se recrudecen, sobre todo, en este territorio donde hay valiosos yacimientos de minerales, entre los que destaca el  coltán. Esto provoca injerencias de grupos armados que pretenden hacerse con el control de la zona y son los señores de la guerra los que terminan dominando buena parte de estos recursos naturales. Ni la MONUSCO(la misión de la ONU para el Congo) ni el propio gobierno congolés han conseguido acabar con las hostilidades.

Las mujeres en el Congo son otra arma de guerra.
Las mujeres en el Congo son otra arma de guerra.

Otro testimonio que retrata la  denigración y desprotección de las congolesas es el de Sophie( 45 años y siete hijos). Ha sido violada en dos ocasiones por los militares. Primero por los miembros de las Fuerzas Democráticas  para la Liberación de Ruanda y después por las Fuerzas Armadas de la República Democrática del Congo. Querría denunciar pero no sabe por dónde empezar, no podría reconocer a sus agresores ni cuenta con testigos.

El año pasado recibió el Premio Sájarov a la libertad de conciencia el ginecólogo congoleño Denis Mukwege. Este médico ha atendido a más de 30.000 mujeres y niños víctimas de violaciones durante 26 años en el hospital de Panzi, en Bukavu . En este tiempo, intentando recomponer la destrucción de muchas mujeres, ha sobrevivido a 4 intentos de asesinato. Justin Paluku también es médico,  y  trata a mujeres y niñas que llegan destrozadas por los abusos que comenten, sobre todo, los militares. En el quirófano opera a  chicas con la vagina y aparato reproductor  dañados por las salvajes violaciones. En muchas ocasiones cuenta con la presencia de médicos y enfermeros extranjeros que quieren aprender de los mejores especialistas  en este tipo de reconstrucciones.   Aunque Paluku siempre guarda en su memoria historias desgarradoras, como la niña de 4 años que fue agredida brutalmente por dos hombres cuando iba a recoger agua.

Terribles consecuencias

La peor secuela es la vergüenza familiar, por lo que no denuncian y mantienen su desgracia en silencio. Human Rights ha realizado una investigación y concluye que las mujeres violadas “pueden sufrir lesiones particularmente graves, tienen dificultades para encontrar pareja, abandonan la escuela, son rechazadas por sus familias, o tienen que criar a un niño nacido de una violación”. Aministía Internacional también denuncia que “las mujeres se sienten abandonadas por todos porque observan cómo los perpetradores no son investigados por la justicia, la impunidad está en el centro de estos males”.

Las mujeres son las que crean vida, pero su futuro ha quedado destruído por la violencia. Así habla una mujer congolesa en este video.

Neema Namadamu es activista  por los derechos de las mujeres en el Congo y afirma que “ las mujeres somos violadas de cien maneras distintas cada día, nos despojan de nuestra dignidad, empañan nuestro valor, se niega nuestra personalidad desde temprana edad, de modo que podemos ser violentadas a lo largo de nuestras vidas sin que haya ninguna consecuencia”.Muchos expertos y activistas sostienen que estas violaciones tienen el objetivo  de humillar a toda la comunidad, tratando de expulsarla de sus tierras para ellos hacerse con el control. Una mujer violada no querrá pisar jamás el mismo suelo que su verdugo.

Así le sucedió a  Honorata Barinjibajwa, que fue secuestrada  cuando tenía 18 años  y convertida en esclava sexual. La ataron a un árbol y allí los soldados, uno a uno, la violaban cuando se les antojaba.  Cuando escapó pudo contar su historia.

Muchas congolesas se han unido para luchar por sus derechos
Muchas congolesas se han unido para luchar por sus derechos

De este horror surgen mujeres valientes que luchan por defender el honor de las víctimas y denuncian, incluso arriesgando sus propias vidas, la situación de desamparo e impunidad que sufren en el Congo. Una de estas heroínas es la periodista Caddy Adzuba. Esta congolesa ha denunciado a través de la Asociación de Mujeres de Medios de Comunicación del Este del Congo y Radio Okapi(la emisora de la ONU en el Congo) el problema que padecen las mujeres en este país. El Premio Príncipe de Asturias de la Concordia recayó el año pasado en ella por “ser un “símbolo de la lucha pacífica contra la violencia que afecta a las mujeres, la pobreza y la discriminación, a través de una labor arriesgada y generosa”. Adzuba ha estado a punto de ser asesinada en dos ocasiones aunque ella misma asegura que no son ni heroínas ni temerarias, solo “tenemos ganas de vivir”

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